Mostrando entradas con la etiqueta Antropología Filosófica. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Antropología Filosófica. Mostrar todas las entradas

lunes, 1 de enero de 2018

Antropología Filosófica - Dante Alighieri

Nació en Florencia, Italia, en mayo de 1265, la fecha exacta se desconoce, y muere en Ravena el 14 de septiembre de 1321. Durante su vida participo en las luchas políticas de su tiempo, por lo que fue desterrado de Florencia, fue un activo defensor de la unidad italiana. Escribió sobre literatura, política y filosofía.
Se le considera el padre del idioma italiano, llamado volgare para aquella época. Al respecto escribió De vulgari eloquentia (acerca del habla popular), inicialmente en latín como se estilaba en la Edad Media, sin embargo, Dante realizo significativas innovaciones en su escrito, como fue escribirlo en lengua vernácula dándole la misma dignidad que se le otorgaba al latín. Escribió este ensayo para analizar el origen y la filosofía de la lengua vernácula, pues, en su opinión, la lengua no era algo estático, por lo que su gramática se transformaba y necesitaba una contextualización histórica.
Su obra más significativa y más conocida es la Divina Comedia que es fundamental en la transición del pensamiento medieval al renacentista y una de las obras cumbres de la literatura universal. Dante la escribió en el dialecto toscano, matriz del italiano actual, que se utilizó entre los siglos XI y XII un viaje entre el Infierno, el Purgatorio y el Paraíso. En ella están se personificados el hombre, Beatriz, que personifica a la fe, y Virgilio, que personifica a la razón. Cada una de sus partes está dividida en treinta y tres cantos, a su vez compuestos de tercetos. La composición se ordena según el simbolismo del número tres (número que simboliza la trinidad sagrada, Padre, Hijo y Espíritu Santo, así como también, el número tres simboliza el equilibrio y la estabilidad en algunas culturas, y también tiene relación con el triángulo y la perfección). Para muchos Dante narró una historia en el mundo material de ultratumba tal como lo concebía en su tiempo. Sin embargo, para Miguel Asín Palacios en esta obra se destaca la importancia de la escatología musulmana en la estructura del Infierno dantesco, y en particular de la obra Escala de Mahoma, en la que Mahoma, guiado por el arcángel Gabriel, recorre el Cielo y el Infierno, dividido ente ultimo en siete estancias.

DANTE ALIGHIERI
AUTOR: Félix Piñerúa Monasterio
DISEÑO Y MONTAJE ELECTRÓNICO: Trinemily Gavidia
FOTOGRAFÍA: Félix Piñerúa Monasterio

martes, 30 de agosto de 2016

Antropología Filosófica - Filosofía de la Edad Media

La filosofía medieval es aquel pensamiento filosófico de Occidente que ubicamos en el espacio comprendido entre el final de la antigüedad, marcado por el fin del imperio romano de Occidente (476) y la edad moderna, tomada desde la fecha de la caída de Constantinopla (1453) o desde el comienzo de la reforma protestante (1517). Muchas veces se denomina filosofía medieval a la filosofía escolástica. Pero la escolástica propiamente dicha no comienza a dibujarse  hasta el siglo IX; lo que la precede es el pensamiento de los padres de la iglesia. Por ello dividimos la filosofía de la edad media en dos grandes secciones, filosofía patrística y filosofía escolástica, estas dos precedidas por los apologistas.
La filosofía medieval se le puede designar como aquel pensamiento filosófico del Occidente que desde San Agustín, pero especialmente desde San Anselmo de Cantorbery sigue el lema: entiende para que puedas creer, cree para que puedas entender. La expresión implica una unidad y mutua exigencia de ciencia y fe; pero también significa que el pensador cristiano no arroja la filosofía, sino que quiere cultivarla. No queremos apoyarnos solamente en las Sagradas Escrituras, dice San Agustín, sino también en la razón. La filosofía que en otros contextos históricos aplica generalmente las solas fuerzas de la razón a los magnos problemas en torno al mundo, al hombre y a Dios, se da la mano en este periodo con la fe religiosa, y la fe religiosa con ella, fenómeno que por lo demás se repite en este ámbito histórico aun en las filosofías arábiga y judía. La síntesis de fe y saber en el pensamiento medieval tiene como presupuesto explicativo la realidad de una unidad ideológica.
A los primeros pensadores cristianos se les denomino apologistas quienes sostenían una continuidad con la filosofía griega interpretándose a sí mismos como la última y más lograda manifestación de ésta. Su argumento se basa en la unidad de la razón que Dios ha otorgado a todos los humanos. El más importante de estos apologistas es Justino quien nació en Palestina en la ciudad de Naplusa, la antigua Siquem, a comienzos del siglo II, de padres paganos se habría dedicado desde joven a la filosofía, recorriendo, en pos de la verdad, las escuelas estoica, peripatética, pitagórica y platónica, parece que su conocimiento del judaísmo lo adquirió más tarde. Llegado a Roma, puso una escuela en la que enseñaba su filosofía, la cristiana, y allí, por las envidias de un maestro pagano que seguía la filosofía cínica, Crescente, fue denunciado como cristiano y murió mártir, probablemente en el año 165. Afirma que la filosofía es lo que conduce al hombre hacia Dios uniéndolo con él. Justino identifica el logos con Dios y Cristo, de tal manera que todo el género humano ha participado y participa de la razón. Así los hombres que vivido conforme a la razón, sean judíos o paganos, han vivido según Cristo, mientras que aquéllos que, por sus vicios, han vivido contra la razón, han vivido también contra Cristo. Justino rescata para el cristianismo toda verdad anterior a él, justificando así el uso de los pensadores griegos por parte de los cristianos.
La Patrística o filosofía de los Padres de la Iglesia, cuenta con Agustín como su figura más destacada, nació en Tagaste, ciudad del África romana en el año 354 y murió en Hipona el 430 durante el sitio al que los vándalos de Genserico sometieron la ciudad durante la invasión de la provincia romana de África.
Agustín declara que él no desea conocer sino a Dios y el alma, de tal manera que éstos son los grandes temas de su filosofía. Sin embargo, Dios y el alma no son, para Agustín, objetos de dos investigaciones paralelas e independientes, sino el mismo objeto en cuanto que Dios se revela solamente en el alma. En la interioridad, en el replegarse del alma sobre sí misma, el hombre llega a Dios, puesto que Dios es la verdad. A tal punto esto es así, que el hombre no podría dudar si no tuviera en sí la verdad, que la duda misma le revela y le confirma. La verdad está en el hombre, pero no es el hombre; ella se encuentra por encima del hombre y para encontrarla el hombre debe trascenderse a sí mismo.
El hombre, por su misma naturaleza, se encuentra vinculado a Dios, ha sido creado a imagen y semejanza de Dios, así sus actividades fundamentales, la memoria, la inteligencia y la voluntad, corresponden las tres personas de la Santísima Trinidad; y así como las tres personas divinas constituyen una única sustancia, así las tres facultades humanas constituyen una única alma. Ahora bien, siendo Dios ser, verdad y amor, el hombre que se aleja de él se aleja al mismo tiempo de estas tres cosas y cae en pecado. Por ello, al hombre se le presenta siempre la alternativa de vivir según la carne, debilitando la relación con Dios, o vivir según el espíritu, fortaleciendo la relación con Dios. La primera elección no es, según Agustín, una elección verdadera, se trata más bien de una renuncia y esta es la verdadera causa del pecado.
Según Agustín, Dios creó todo a través del logos que contiene en sí las ideas o razones inmutables de las cosas. Por lo tanto las ideas están contenidas en la razón divina, es decir, en el logos.
El termino scholasticus señaló en los primeros siglos de la Edad Media al docente de las artes liberales, es decir, de aquellas ciencias que constituían el trívium (gramática, lógica o dialéctica y retorica) y el quadrivium (geometría, aritmética, astronomía y música). Seguidamente se llamo scholasticus también al docente de filosofía y teología, cuyo título oficial era magister y que tenía sus clases primero en la escuela catedralicia, luego en la universidad (studium generale).
Por escolástica se entiende, en sentido estricto, aquella especulación filosófico-teológica que se cultivó y desarrolló en las escuelas del propio medievo, es decir, desde Carlomagno hasta el renacimiento. Y también puede llamarse escolástica a la filosofía arábigo-judía en la medida en que durante este período entra en contacto con la propia escolástica.
La escolástica se encuentra estrechamente vinculada, en su naturaleza y en su método, con la actividad didáctica de los maestros medievales. Esta actividad se desarrollaba según dos grandes líneas: la lectio, que consistía en el comentario de un texto, y la disputatio, que consistía en el examen de un problema mediante la discusión de todos los argumentos que pudiesen darse a favor o en contra.
El problema fundamental de la escolástica es el de llevar al hombre a la comprensión de la verdad revelada en los textos sagrados y en los dogmas de la iglesia. No se trata de encontrar una verdad, sino de comprenderla. Para comprenderla, ella extrae de la tradición filosófica los instrumentos y el material de la investigación y que proceden básicamente de la filosofía griega.
La figura más importante del primer periodo de la escolástica es San Anselmo. Su filosofía considera que nada puede ser entendido sin la fe, pero también piensa que hace falta confirmar y demostrar la fe con motivos racionales. De esta forma, Anselmo considera que la armonía entre fe y razón es plena y esencial; no obstante, en caso de que exista un desacuerdo entre las dos instancias, la fe debe ser preferida a la razón.
Filosofar es, pues, según la escolástica, ver en todo la huella, la imagen de Dios, saber cómo todo depende de El y viene de El, cómo todo va a El, siendo Dios causa final y eficiente de todo.
Filosofar es amar a Dios, y por el conocimiento de Dios llegar al conocimiento de todo, como dependiente de Dios.

Referencias
Altuve, N. (2006). Introducción a la Filosofía. Caracas: UPEL.
García Bacca, J. (1975). Elementos de Filosofía. Caracas: Universidad Central de Venezuela.
Hirschberger, J. (1997). Historia de la Filosofía I. Barcelona: Herder.

FILOSOFÍA DE LA EDAD MEDIA
AUTOR: Félix Piñerúa Monasterio
DISEÑO Y MONTAJE ELECTRÓNICO: Trinemily Gavidia
FOTOGRAFÍA: Félix Piñerúa Monasterio


sábado, 13 de febrero de 2016

Antropología Filosófica - El Helenismo

La Hélade es el endónimo con el que identificaban su región los antiguos griegos. El concepto tiene una dimensión espacial difícil de delimitar, dada la extensión que alcanzó la civilización griega con las colonizaciones y con el imperio de Alejandro. No menos extenso es su alcance intelectual, ampliado posteriormente con la helenización de la Antigua Roma, que convirtió el arte y la cultura clásica en el fundamento de la civilización occidental.
La súbita expansión del imperio de Alejandro Magno y su inmediato desmembramiento en grandes áreas dejan en una nueva situación el espíritu griego, ya puesto en crisis por el hundimiento de la Ciudad-Estado democrática. Cuando todavía la mente griega trataba de aclararse en la nueva situación, el ímpetu de Alejandro lo barre y lo unifica todo, llevando el ámbito helénico hasta la India y Egipto. Los subimperios alejandrinos asumen orgullosamente la herencia cultural griega –como también la asumirá el Imperio romano, que gradualmente, va absorbiendo casi todas las áreas alejandrinas-; pero el horizonte ha cambiado, y el espíritu helénico sufre una sacudida que lo transforma de sentido –aunque no haya especiales aportaciones de culturas orientales por parte de los nuevos espacios incorporados-.
En el ámbito del pensamiento, el helenismo trajo consigo la aparición de nuevos y decisivos centros culturales. Si bien Atenas siguió siendo la metrópoli de los filósofos, Antioquía, Pérgamo, Rodas y sobre todo Alejandría dieron un vuelco total a la situación anterior: ningún gran científico ni ningún filósofo de renombre serán ya atenienses. Al mismo tiempo, ciencia y filosofía iniciaran andaduras separadas. El siglo III, será el gran momento de Euclides, Arquímedes, Apolonio, etc. Alejandría, con su Museo y su Biblioteca, alojará buena parte de la ciencia hasta comienzo del siglo V. Por su parte la filosofía, al margen de la matemática e interesada por la ciencia natural en la medida en que era un medio de acceso a las cuestiones de ética y teoría social, abandona los círculos de las escuelas, como la Academia o el Liceo, y se abre al ámbito público.
Así en la filosofía surgen tres grandes escuelas especulativas del helenismo: epicureísmo, estoicismo y escepticismo –después,  ya en el Imperio romano y coexistiendo con el cristianismo, aparecerá el neoplatonismo, mientras continúa también el estoicismo-. La gran cuestión para todas estas escuelas es: ¿cuál será la mejor forma de vivir? Sólo desde ella, y secundariamente, cabe algún ocasional interés por el cosmos y por la lógica.

Referencias
Acero, J.; Alegre, A.; Granada, M. y Valverde J. (1983). Historia del Pensamiento I. Barcelona: Orbis.
Hirschberger, J. (1997). Historia de la Filosofía I. Barcelona: Herder.

EL HELENISMO
AUTOR: Félix Piñerúa Monasterio
DISEÑO Y MONTAJE ELECTRÓNICO: Trinemily Gavidia
FOTOGRAFÍA: Félix Piñerúa Monasterio

domingo, 31 de enero de 2016

Cultura Griega - La Polis

Las ciudades-estado (poleis) tienen una importancia capital dentro de la idea de estado de los griegos. En la polis se percibe sobre todo una comunidad autónoma que se rige por unas normas y un sistema de valores propios, y donde un número de politai (ciudadanos libres) ordenaba la vida pública según sus propios criterios.
En el centro de la polis griega se encontraba la asamblea popular como órgano sancionador de cualquier decisión de naturaleza política; otras instituciones fundamentales eran el consejo de ancianos, tribunales populares y un sistema administrativo diferenciado dirigido por magistrados electos temporalmente. Debido a que en el mundo griego coexistían unas 700 poleis, una polis normal era un lugar pequeño limitado en cuanto a extensión y habitantes. Las más conocidas, con diferencia, son sólo unas pocas que se habían poblado densamente (por ejemplo, Atenas, Esparta, Corinto, Mégara, Mileto, Siracusa, Tebas, etc.), que poseían un centro urbano y además disponían de un territorio (chora) relativamente amplio. Para este tipo de polis se ha generalizado el término de ciudades-estado, denominación que puede ser mal interpretada, pues podría entenderse que el estado solo dominaba sobre los territorios circundantes a ella; sin embargo, el radio de difusión de la polis abarca por igual la ciudad y los campos colindantes.
El concepto de polis no estaba ligado a ninguna forma específica de gobierno. En una polis podía imperar una constitución oligárquica tanto como una democrática sin que ello supusiera un cambio significativo del concepto de polis. De ahí que la polis griega sea muy parecida a la idea moderna de estado, que no conlleva una declaración implícita sobre la forma de gobierno existente.
La ecuación entre política y religión, constituía una de las condiciones básicas del concepto de estado en la Antigüedad. No olvidemos que la voz griega para designar la asamblea de los ciudadanos, ekklesía, deriva nuestra palabra iglesia.
  Asimismo, una característica de la polis era la voluntad inquebrantable de afirmación de su independencia política (autonomía, eleuthería) y, del mismo modo, una fuerte tendencia a su autoabastecimiento (autarkía), y finalmente el anhelo de unificación de la vida política interna, cuya expresión se encuentra en la consecución de la igualdad de los derechos para todos los ciudadanos (isonomía)
  La vida pública y privada eran reguladas y reglamentadas por las leyes (nomoi) de la polis. Un grupo aparte lo constituían los esclavos, que en el mundo griego tenían una situación fija en el nivel más bajo de la sociedad.
    Ligada a la formación y al desarrollo de la polis aparece durante el siglo VIII a.C., la escritura, que llega a la Hélade a través de la adaptación del alfabeto fenicio a las peculiaridades lingüísticas griegas, y, a partir de ahí, la literatura, la codificación de las leyes, así como múltiples esfuerzos intelectuales encaminados a mejorar las condiciones de vida cotidiana y dar a la vez explicaciones racionales sobre la estructura, composición y finalidad del universo.

         
   Referencia
            Barceló, P. (2008). Breve Historia de Grecia y Roma. Madrid: Alianza Editorial.

            LA POLIS
            AUTOR: Félix Piñerúa Monasterio
            DISEÑO Y MONTAJE ELECTRÓNICO: Trinemily Gavidia
            FOTOGRAFÍA: Félix Piñerúa Monasterio

domingo, 1 de noviembre de 2015

Antropología Filosófica - Filósofos de la Naturaleza

El pensamiento filosófico empieza con una actitud nueva hacia el mundo, ya no es lo sobrenatural lo que nos permite explicar los diferentes fenómenos que nos rodean, es la naturaleza misma la fuente de explicación, así los filósofos de la naturaleza o presocráticos, los primeros pensadores centrados en lo material, los jonios, son primordialmente teóricos del mundo natural: lo que escriben, casi todo perdido, entra en la designación genérica de perí physeós (sobre la naturaleza). Esos filósofos habitaban la Magna Grecia asiática, en Jonia, quizá porque allí aquel mundo cultural en el que surgió la épica homérica había escapado mejor que en la Grecia metropolitana a la sacudida de las invasiones dorias; quizá  por estar más cerca de los influjos de los saberes orientales, pero seguramente aún más porque su papel de colonizadores les había dado una capacidad técnica y practica en la que la mano abrió camino a la teoría.
En Mileto, actual Turquía, ciudad comercial marítima, surge Tales (630 - 545 a.C), el primer filosofo conocido, quien cree encontrar el principio básico (arjé) de todas las variaciones naturales en un elemento conocido y siempre presente: el agua. Le parece que el agua al enfriarse se hace más densa y se vuelve tierra; calentada y animada, en cambio, se eleva como vapor y aire, hasta llover al enfriarse otra vez. El agua es vida, en la simiente; es movimiento (El orbe terráqueo es sólo una isla superficial y redonda entre un inmenso océano). Pero el mismo Tales ya no es capaz de asentar esa unidad en el agua sin dar paso a una dualidad: tiene que haber otro principio menos material que la mueva y la haga cambiar –calo, vida-; o, según él, dioses, presentes en todo, y a veces especialmente visible, como ocurría en ciertas piedras de la cercana Magnes, que movían el hierro, magnetismo.
Se cree que Tales habría tenido ascendencia fenicia. Puesto que los jonios comerciaban frecuentemente con Egipto y Babilonia, Tales tras visitar Egipto podría haber recibido enseñanza de los sacerdotes egipcios, quienes registraban con mucho celo todo evento astronómico o meteorológico y que poseían, por consiguiente, conocimientos matemáticos. Es conocida la leyenda acerca de un método de comparación de sombras que Tales habría utilizado para medir la altura de las pirámides egipcias, percatándose de que la altura exacta de las pirámides se puede obtener midiendo la sombra de estas en el momento del día en que su sombra era más o menos de igual tamaño que su cuerpo. Este método fue aplicado luego a otros fines prácticos de la navegación.
Para la cabal comprensión de la doctrina de Tales y de la posterior filosofía jónica en general, es necesario entender cuál era la forma de interrogar específica de este pensamiento. Aristóteles designa a los filósofos milesios con el nombre de physikoí, pues su preocupación principal consistía en la physis. El equivalente castellano de physis es “naturaleza”, si bien es un equivalente aproximado, los griegos entendían por physis lo que nosotros llamaríamos “realidad”. No obstante, nuestro término remite a un conjunto estático de cosas; en cambio, la etimología de physis indica que procede de un verbo que significa “brotar”, “crecer”, o sea, algo que se genera, que está en cambio, en movimiento. «Así como las hojas del árbol, los hombres nacen y perecen», dice el famoso verso de Homero. Frente a este incesante fluir de las cosas, surge la filosofía para dar razón del cambio.
            Lo que buscan Tales y sus sucesores, Anaximandro y Anaxímedes, es lo que llamaríamos un principio, un arjé, que significa en griego, por un lado, “origen” y, por otro, “mando”. Buscan, pues, el principio que funda y gobiernas las cosas, y como hemos visto para Tales este principio era el agua.
Pitágoras, Alcmeón de Crotona, Heráclito, Parménides, Empédocles, Anaxágoras, Leucipo y Demócrito, con puntos de vistas diferentes, forman parte de estos primeros filósofos presocráticos o de la Naturaleza.

            Referencia
Acero, J.; Alegre, A.; Granada, M. y Valverde J. (1983). Historia del Pensamiento I. Barcelona: Orbis.
Piñerúa, F. (2011). Del Pensamiento Mágico-Religioso al Pensamiento Filosófico. Caracas: UPEL-IPM

            FILÓSOFOS DE LA NATURALEZA
            AUTOR: Félix Piñerúa Monasterio
            DISEÑO Y MONTAJE ELECTRÓNICO: Trinemily Gavidia
            FOTOGRAFÍA: Félix Piñerúa Monasterio

domingo, 12 de julio de 2015

Antropología Filosófica - Homero

Jonia parece ser la tierra de Homero, quien, hacia el siglo X a.C., había cantado las últimas guerras troyanas, un relato posdórico de un hecho predorico. Quedando luego como mítico padre de la cultura helénica, sobre todo con la «recensión» de la obra homérica hecha por Pisístrato en el siglo VI a.C. Homero da, pues, una versión distanciada sobre algo doblemente distanciado de la Grecia donde nacerán las ideas: el mundo de una aristocracia derivada de las invasiones nórdicas que habían acabado con la civilización de Micenas, aportando una religión de muchos dioses casi humanos, que se aposentarían en el Olimpo y se cruzarían con divinidades más vinculadas al terruño y a la naturaleza, sin poder tampoco llenar todos el ámbito religioso del alma humana, cuyo fondo está ocupado en Grecia por una oscura religión mistérica.
Es así en la Grecia primitiva, donde se hallan los primeros pasos que dieron origen a una nueva forma de pensamiento “el pensamiento occidental”. Lógicamente, para reunir una visión general de este pensamiento hay que acudir a las fuentes  primitivas griegas, en este caso al padre de la cultura griega, Homero, punto de partida de la concepción del hombre, cuyas obras, la Ilíada y Odisea, componen los pilares básicos para entender esta cultura.
            Para Snell el lenguaje más arcaico que influyó en nuestro pensamiento y espíritu occidental fue el homérico. Cabe destacar que es una lengua literaria y artificial, por lo tanto, no se hablaba como cualquier lengua cotidiana. Podemos decir que era la lengua culta de la época. En cualquier caso era utilizada oralmente por los aedos o rapsodos que recitaban con la lira o fórminge los extensos poemas de la Ilíada y la Odisea. Estas dos obras son el legado del pensamiento homérico y la concepción del humano que se mantenía aproximadamente entre los siglos XI/ X y el VII a. C. Ambas obras muestran un lenguaje que en cuanto al tratamiento del hombre o ser humano no es en nada abstracto, sino que por el contrario es concreto y sensible.
Dentro de esta concepción, hay conceptos homéricos que no tienen el significado que poseían en la época clásica ni aun hoy en la actualidad. Cabe destacar que tanto la lengua homérica como las lenguas primitivas poseen una gran riqueza de lo referente a lo concreto y a lo sensible.
En el estudio físico del hombre homérico podemos percatarnos de que el cuerpo no conforma una sola unidad, sino que es el compendio de partes individuales. En los poemas homéricos aparecen varias palabras que están relacionadas con el cuerpo de una u otra forma. Por ejemplo: demaV, es la palabra homérica mejor identificada con cuerpo como una sola unidad; que luego sería llamado swma; guia  (que está en plural) era entendido como los miembros en cuanto dotados de movimiento mediante las articulaciones; y melea, que son los miembros en cuanto dotados de fuerza debido a la musculatura. Hay otra palabra que sirve para designar la piel, pero no como material, sino como sustrato del color, como superficie: crwV. Este léxico deja entrever la concepción que se tenía sobre el cuerpo humano en esta época. Así tenemos que la conciencia sobre el propio ser unitario no se daba en la mente del hombre homérico. Por el contrario, ya en época clásica la concepción que se tiene del hombre es como una mera unidad.
Para los griegos homéricos no existía la vista como tal, ya que no poseían ninguna palabra para designarla, por tanto, no tenían conciencia de la vista, aunque evidentemente utilizaban los ojos para ver. En Homero encontramos una gran cantidad de verbos referidos a la vista, pero cada uno denota un matiz diferente. Algunos de ellos desaparecen ya en época clásica (Snell, 1965).
Otro gran elemento que posee una gran diversidad es el concepto de cuerpo y alma. En Homero se aprecia una palabra que para nosotros significa alma o vida (yuch) y que quería decir hace siglos lo que anima el cuerpo, lo que le da vida, que al morir abandona al hombre y marcha al Hades, siendo el aliento vital (procede del verbo yucein: soplar) tal y como se aprecia en la Odisea y en la Ilíada. Otra palabra que ofrece controversia para referirnos al alma o espíritu es qumoV, que en realidad no es más que, como dice Snell (1965), “el órgano de las emociones”, es decir, aquello que pone en funcionamiento los melh, los huesos y músculos. La última palabra es nooV, órgano que recibe las impresiones, que posee la facultad intelectiva, es el espíritu en cuanto poseedor de claras ideas. Este nooV, en ático (es el griego clásico, el hablado en la zona del Ática, sobre todo por su importancia, ya que fue utilizado en el siglo V a.C., el siglo conocido como el de Pericles, e idioma en el que escribieron grandes clásicos como Platón, los tres grandes trágicos, Aristófanes, Tucídides), posee varios significados: inteligencia, espíritu, mente, pensamiento, intelecto, alma.

Referencias
Acero, J.; Alegre, A.; Granada, M. y Valverde J. (1983). Historia del Pensamiento I. Barcelona: Orbis.
Piñerúa, F. (2011). Del Pensamiento Mágico-Religioso al Pensamiento Filosófico. Caracas: UPEL-IPM.

HOMERO
AUTOR: Félix Piñerúa Monasterio
DISEÑO Y MONTAJE ELECTRÓNICO: Trinemily Gavidia
FOTOGRAFÍA: Félix Piñerúa Monasterio


miércoles, 24 de junio de 2015

Antropología Filosófica - Los Sofistas

Los sofistas tienen el gran valor de ser los primeros maestros de la cultura occidental. Son los primeros que se preocupan por la formación retórica de los ciudadanos para la vida pública.
Son los sofistas los encargados de democratizar el saber. Hasta entonces, la sabiduría estaba aristocratizada: Heráclito guardaba sus libros en un templo para que no cayera en manos del vulgo; el orfismo sólo purificaba a los iniciados en este culto; los pitagóricos sólo revelaban sus secretos matemáticos a los que antes habían sido ya «acusmáticos»; y Platón destacará por sus ideas aristocráticas. Sin embargo, en las guerras médicas han luchado contra los persas todas las clases sociales, y esto ha determinado un cambio en las estructuras políticas: se ha pasado de la oligarquía aristocrática a la democracia. Además ha surgido una burguesía adinerada, que quiere saber. Por tanto, debe haber un cambio paralelo en la educación, y ese cambio lo realizaron los sofistas. Así harán posible el esplendor de «siglo de Pericles» en Grecia.
Durante el siglo V, Atenas victoriosa de sus guerras contra el Imperio Persa, se benefició de una revolución económica y se desarrollaron en ella las instituciones democráticas. La igualdad ante la ley y la posibilidad de acceder a altos cargos políticos apoyándose en los propios méritos hicieron de la ateniense una sociedad abierta. Ello trajo consigo un tipo de educación que los sofistas (maestros del saber) de antes –o sea, los poetas, rapsodas, adivinadores- no podían proporcionar. Los nuevos sofistas, Protágoras, Geogias y otros, hombres de formación universal, con experiencia de los entresijos políticos de ciudades y colonias e impenitentes viajeros, dieron forma al ideal educativo renovador. Sus enseñanzas iban dirigidas principalmente a las personas que aspiraban a cargos públicos, pero su objetivo era el de un hombre intelectualmente completo. De ahí su huella en la filosofía, la lingüística, la teoría social y la religión haya sido perdurable.
Siendo la enseñanza de la oratoria una parte importante del programa educativo de los sofistas, éstos presentaron gran atención al lenguaje.
Su idea del conocimiento humano pivota alrededor de la máxima de que «el hombre es la medida de todas las cosas». En nuestra idea del mundo, nuestros sentidos eran la autoridad final e infalible y, puesto que no todos los hombres tenían las mismas experiencias de las cosas –lo dulce para uno seria amargo para otro-, la realidad no poseía para ellos una sola cara, un solo argumento, una sola descripción.
El mismo espíritu recorre sus ideas sociales y políticas. Le era familiar la pluralidad de formas con que los hombres se organizan en grupos y se rigen por normas. Por ello fueron los primeros en reconocer que los hombres tienen una naturaleza superpuesta a la naturaleza propiamente dicha (la de sus impulsos naturales, sus instintos o su fuerza física). Esa segunda naturaleza venia dada por sus leyes, sus convenciones, sus costumbres. En ellas residía la posibilidad misma del progreso. Ideas así hicieron inevitable que se les viera como personas que atentaban contra el orden natural de las cosas. La abolición de la esclavitud y la emancipación de la mujer, que algunos llegaron a promover, eran ejemplo de esas amenazas. La moral tradicional también quedaba en entredicho. Así la virtud no era un don, sino que se puede enseñar y aprender. Y por otro lado, si no predicadores del ateísmo, valoraban más el trabajo y el cumplimiento del deber (Pródigo) y el autodominio (Antifonte) que la conducta que veía su modelo en la actuación de los dioses, pues de éstos nada podía saberse. «El hombre es la medida de todas las cosas» afirma Protágoras. Y, por lo tanto, la divinidad será para él una mera creación humana. El hombre es la medida de los dioses, y no al revés, Dios es algo convencional, es algo que crean los gobiernos para que les guarden sus leyes, como dice Critias. Creencias como éstas explican los ocasionales brotes de fanatismo religioso habidos en Atenas, como testifican las vidas de Pródigo y Protágoras. A este respecto, el propio Sócrates no se diferencia tanto de los sofistas.

Referencias
Acero, J.; Alegre, A.; Granada, M. y Valverde J. (1983). Historia del Pensamiento I. Barcelona: Orbis.
Hirschberger, J. (1997). Historia de la Filosofía I. Barcelona: Herder.

Fotos: Museo Arqueológico de Atenas

LOS SOFISTAS
AUTOR: Félix Piñerúa Monasterio
DISEÑO Y MONTAJE ELECTRÓNICO: Trinemily Gavidia
FOTOGRAFÍA: Félix Piñerúa Monasterio

jueves, 6 de marzo de 2014

Antropología Filosófica – Aristóteles

De padre medico, nació en Estagira, en la costa de tracia (384 a.C. - 322 a.C.), y estuvo vinculado a la orbita macedonia. A los 18 años entra a formar parte de la Academia donde estuvo por espacio de veinte años, hasta la muerte de Platón.
Funda en Atenas su propia escuela, el Liceo, en 335 a.C. en el sagrado paraje de Apolo Licio. Más tarde se llamó a los hombres de aquella escuela los «peripatéticos» porque  tenían sus explicaciones doctrinales paseando.
La problemática fundamental de Aristóteles fue la de comprender las condiciones necesarias para la formación y para el ejercicio de la ciencia. La ciencia es el descubrimiento de las condiciones necesarias para su praxis, su porqué. Luego la ciencia radica en una investigación de las causas y de los primeros principios. La ciencia teorética se divide, según criterios de Aristóteles, en tres filosofías, según el objeto de estudio: la filosofía primera, o metafísica; la filosofía segunda, o física y la matemática.
Las ciencias prácticas no tienen por objeto lo que es necesario, sino aquello que puede variar, es decir, aquella esfera de la realidad en la cual el hombre actúa con miras a la realización de sus fines. El estudio de esta praxis constituye la ética, que encuentra su continuación en la política, puesto que el hombre como animal político que es se realiza a sí mismo, en la vida social. Finalmente, un tercer tipo de actividad científica, denominado poética, está representado por aquellas ciencias prácticas que tienen como fin la producción de algo que se independiza con posterioridad.
Aristóteles  analiza los diversos tipos de discursos, con el fin de determinar las reglas con las cuales deben ser pensados los objetos.
La lógica considera la forma que debe tener cualquier tipo de razonamiento que pretenda demostrar algo y, en general, que trate de probar. La lógica muestra como procede el pensamiento cuando piensa, cuál es la estructura del razonamiento, cuáles son sus elementos, cómo es posible proporcionar demostraciones, qué tipos y modos de demostraciones existen, sobre qué tratan y cuando son posibles.
En Analíticos, Aristóteles propone al silogismo como el prototipo de todo razonamiento. Siendo considerado solo de manera formal, lo que significa prescindir de su valor de verdad. En los Analíticos segundos se ocupa del silogismo, además de formalmente correcto, también verdadero. Éste es el tipo de razonamiento denominado científico, que reúne tanto la validez como la verdad.
Aristóteles en los Tópicos estudia el silogismo dialectico, que parte de premisas fundadas tan sólo en la opinión, o en elementos que parecen aceptables para todos, o para la mayor parte, siendo argumentaciones meramente probables. Por último en las Refutaciones sofisticas se ocupa de analizar las argumentaciones enteramente persuasivas.
Del análisis de las premisas, y en primer lugar de aquellas que son universales, se obtienen los principios lógicos, que son comunes a todas las ciencias. Ellos son el principio de identidad, el principio de no contradicción (“a” y no “a”) y el principio de tercero excluido.
Al analizar los elementos constitutivos del razonamiento científico, debemos precisar los términos y conceptos para obtener la mayor claridad posible. Una vez logrado esto, ver la relación que existe entre dos o más conceptos, lo cual es precisamente lo que constituye el análisis del razonamiento, pues éste existe sólo sobre la base de la vinculación de varios juicios. A la doctrina de los juicios se vincula la de las categorías. Estas son las clases dentro de las cuales se pueden agrupar las diversas determinaciones de lo real (categorías del ente), así como las determinaciones del pensamiento discursivo (categorías de los juicios). La primera categoría y la más fundamental es la de sustancia. Ésta es lo que es en sí misma y por sí misma. Desde el punto de vista lógico, nada puede ser predicado sin referencia a la sustancia. A partir de ahí, la predicación procede a través de ulteriores especificaciones, llamadas atributos del sujeto, al cual corresponden las otras categorías. Estas son la cualidad, la cantidad, la relación, el lugar, el tiempo, la acción, la posición, la pasión, la condición.
La definición consiste en un juicio que determina el género al cual pertenecen las cosas, y la diferencia especifica que diferencia esta cosa dentro del género de pertenencia.
Por otra parte Aristóteles crítica la doctrina de las ideas de Platón al negar que la forma sea algo separado porque, si fuese tal, la forma no explicaría ni la constitución de la realidad, ni su movimiento, ni su cognoscibilidad. Para ello Aristóteles aborda la teoría del primer motor inmóvil, fuente y condición del movimiento universal. Según la cual todo lo que estuviese en movimiento lo estaría en virtud de una moción sufrida con anterioridad. Es desde aquí, desde donde se puede, entonces, presentar la prueba de que existe un primer motor inmóvil, fuente de todo movimiento.
Así para Aristóteles la metafísica asume cuatro formas: la que averigua las causas y los principios primeros o supremos; la metafísica que analiza el ser en cuanto ser; la que examina la sustancia y la metafísica que investiga a Dios y la sustancia suprasensible.
La filosofía primera o metafísica en su contenido se relaciona a la teoría de las causas. Esto implica saber cuáles y cuántas son estas causas, estableciendo que, en lo que respecta al mundo del devenir, se reducen a las cuatro siguientes:
Causa formal, relacionada a la forma que toma la cosa en el sistema.
Causa material, relacionada a como está constituida la cosa.
Causa eficiente o agente, relacionada a lo hace que la cosa se manifieste.
Causa final, relacionada a su fin último en relación al sistema.
Aristóteles sostiene que el ser expresa originalmente una pluralidad de significados, por lo que el termino se emplea en múltiples sentidos, pero siempre haciendo referencia a una unidad y realidad determinada. Esto trae como consecuencia que el ser no puede reducirse a un género y aún menos a una especie. Se trata, más bien, de un concepto transgenérico además de transespecífico, es decir, más amplio y más extenso que el género y la especie.
A partir de la sustancia sensible Aristóteles propone desarrollar las investigaciones puesto que es útil proceder paso a paso hacia lo más cognoscible. Ya que todos adquieren el saber de esta manera, partiendo de las cosas que son menos cognoscibles por su naturaleza (las cosas sensibles) hacia las que son más cognoscibles por naturaleza (las cosa inteligibles).
Según Aristóteles, la forma es la naturaleza íntima de las cosas, la esencia de las mismas, y cuando definimos las cosas nos referimos justamente a la forma; en general, las cosas sólo son cognoscibles en su esencia. Pero esta forma no tendría ninguna concreción de no realizarse en la materia. En este sentido, la materia resulta también fundamental para la constitución de las cosas y, por tanto, también a ella se le podrá designar, dentro de ciertos límites, como sustancia de las cosas. Estos límites están perfectamente definidos: si no hubiera forma, la materia sería indeterminada y no bastaría para constituir las cosas. Las cosas concretas no son sino compuestos de forma y materia. Recordemos que la materia es potencia, en el sentido de que es capaz de asumir o de recibir formas distintas. Por consiguiente, todas las cosas materiales poseen siempre en mayor o menor cantidad cierta potencialidad. Si, por su parte, son seres inmateriales, es decir, formas puras, deberían ser actos puros, exentos de potencialidad.
Compuestos de materia y forma, en los seres vivos la forma o el acto es el principio de vida y como tal se llama “alma”. El alma no es una sustancia independiente del cuerpo, sino el acto primero de un cuerpo físico orgánico que posee la vida en potencia.
Esta estructura del ser viviente es puesta en relación con el conocimiento y a la esfera del conocimiento pertenece también la facultad de la imaginación: ésta, partiendo desde las sensaciones almacenadas en la memoria, constituye objetos que no están presentes, imagina, por tanto, cosas reales e irreales.
En el hombre, además del conocimiento sensible, se da el conocimiento intelectual. Pero también este último se encuentra regido por la causalidad física.
Después de las ciencias teóricas aparecen las ciencias prácticas y dentro de estas últimas aparece la política, la actividad moral de los hombres considerados como individuo o como ciudadanos. Esta política se subdivide en ética y teoría del Estado.
En su Gran Ética, nos dice que hemos de hablar del bien, pero no del bien en general, sino del bien en relación a nosotros.
A diferencia de Sócrates y Platón, Aristóteles considera indispensable disponer de suficientes bienes externos y de medios de fortuna; aunque éstos de por sí no proporcionan la felicidad, su ausencia puede comprometer o malograr las posibilidades de felicidad.
La sociedad humana misma es interpretada como un esfuerzo mancomunado de realización de la bondad moral y de la excelencia individual.

Referencias
Hirschberger, J. (1997). Historia de la Filosofía I. Barcelona: Herder.
García, C., Álvarez, S., Aranguren, J., Fernández, M., Gómez, J., Granada, M., Liedó, E. y Rico, F. (2002). Historia de la Ética I. Barcelona: Critica.

ARISTÓTELES 
AUTOR: Félix Piñerúa Monasterio 
DISEÑO Y MONTAJE ELECTRÓNICO: Trinemily Gavidia Arguinzones
FOTOGRAFÍA: Félix Piñerúa Monasterio