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sábado, 11 de mayo de 2019

Pueblos de Venezuela - Liceo Tomas Alfaro Calatrava


Son las pequeñas historias las que se hacen desde la vivencia, el sentimiento y la emoción. Es el estudio histórico de objetos de poca amplitud espacial, pero de mucha relevancia afectiva. Minisociedades definidas a partir de la patria chica, el terruño, el espacio abarcable de una sola mirada, del mutuo conocimiento y parentescos ampliados entre los interactuantes, fijación afectiva al paisaje propio.
Tomás Alfaro Calatrava fue un poeta venezolano, nacido en el Chaparro en 1922 y fallecido en Barcelona, estado Anzoátegui, Venezuela, en 1963. Está considerado como uno de los grandes renovadores de la poesía venezolana de mediados del siglo XX. Pero no es de el que va esta pequeña historia, sino del Liceo de Puerto la Cruz, Municipio Sotillo, que lleva su nombre, específicamente de la generación de 1974-1976.
Corrían los años del gobierno de Carlos Andrés Pérez y recién concluido el de Rafael Caldera, habían transcurridos los primeros 18 años de la democracia, y en las aulas del Tomas Alfaro Calatrava sus estudiantes provenían en su mayoría de familias humildes, y tal vez ellos representaban en sus respectivas familias los que habían obtenido el mayor grado académico para el momento. Todos ellos, una vez obtenido el titulo de bachiller, soñaban con ir a la Universidad, y a los años correspondientes la mayoría lo logro y se hizo profesional, eran entonces médicos, ingenieros, abogados, profesores, administradores, en fin, egresados de las diversas profesiones que ofrecía la Universidad pública venezolana, para el momento no existía el boom de las Universidades privadas que luego se desarrolló. Es importante mencionar que para el momento de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez solo estaban activas la Universidad Central de Venezuela, la Universidad de los Andes y la Universidad del Zulia, a esto hay que añadir que solo en muy pocas ciudades del país existía la posibilidad de estudiar bachillerato.
Es con la democracia, el 21 de marzo de 1958, que se crea la Universidad de Carabobo, antigua Universidad de Valencia, por decreto N° 100 de la Junta de Gobierno presidida por Wolfgang Larrazábal, y en el oriente del país donde no se tenía memoria de una casa de estudios universitarios. Es en 1961 en una vieja casona del sector Caigüire, Cumaná, estado Sucre, cuando efectivamente comienza a funcionar la Universidad de Oriente, con 113 estudiantes y una docena de profesores.
En este contexto del oriente del país, donde apenas se tenían 15 años de experiencia en estudios universitarios, donde los bachilleres del Tomas Alfaro Calatrava, generación de 1976, irrumpen haciéndose de estudios profesionales, ocupando espacios importantes en el desarrollo del país, ofreciéndole a sus hijos la oportunidad de una mejor educación, una mayor experiencia cultural, una generación de relevo con mayores competencias que brindarían al terruño y al país un mejor futuro. Esto fue así hasta que una promesa vana, engañosa, empezó a soterrar los cimientos que se habían formado y empezó la destrucción, el derrumbe. Los viejos amigos del Tomas Alfaro Calatrava se vieron obligados a dejar de aportar el conocimiento que con tanto esfuerzo y alegría habían ofrecido tanto al espacio chico como al nacional. Primer fueron los hijos los que tristes dejaron a los padres, porque les habían robado las oportunidades de futuro, luego los padres con sus años de experiencia que se desvanecían. ¿Quién transita ahora por los pasillos del Tomas Alfaro Calatrava, donde van sus sueños?

Referencia

LICEO TOMAS ALFARO CALATRAVA
AUTOR: Félix Piñerúa Monasterio
DISEÑO Y MONTAJE ELECTRONICO: Trinemily Gavidea


viernes, 2 de marzo de 2018

Pueblos de Venezuela - Parque del Este


Ubicado en el este de Caracas, Venezuela, el Parque del Este a lo largo de su historia ha tenido diversos nombres. Así para el momento de su inauguración en 1961 fue llamado Parque Rómulo Gallegos. En 1983 se le cambia el nombre a Parque Rómulo Betancourt y en el 2002 se le cambia nuevamente por Parque Generalísimo Francisco de Miranda, aunque para los caraqueños sigue siendo el Parque del Este.

El parque se ubica en los terrenos de lo que fue la hacienda San José, que al momento en que se iniciaron las obras estaban cubiertos de vegetación boscosa compuesta principalmente por Bucares (Erythrina spp.) de los cuales colgaban largas hebras de Barba de Palo (Tillandsia usneoides) y numerosos arbustos de café (Coffea arabica).


Su inauguración se produjo bajo el gobierno del presidente Rómulo Betancourt el 19 de enero de 1961. Fue diseñado por el paisajista y arquitecto brasileño Roberto Burle Marx, quien también diseño los jardines del hipódromo la Rinconada y el famoso mosaico del paseo de Copacabana en la playa de Rio de Janeiro, Brasil. Este paisajista y arquitecto fue acompañado por el maestro de la arquitectura moderna portuguesa Fernando Tábora y el arquitecto inglés John Stoddat así como por el botánico dendrólogo venezolano Leandro Aristeguieta, quienes conjugaron en un mismo espacio la flora nacional y una pequeña muestra zoológica.


PARQUE DEL ESTE
AUTOR: Felix Piñerúa Monasterio
DISEÑO Y MONTAJE ELECTRÓNICO: Trinemily Gavidia
FOTOGRAFÍA: Mapi Gil y Felix Piñerúa Monasterio

lunes, 7 de agosto de 2017

Pueblos de Venezuela - Morro de Lechería

San José de Neverí (actual Lechería) fue fundada por Don Agustín Delgado, General en la expedición de 1535, quien era sobrino nieto del último guanarteme de Gáldar, Gran Canaria y de cara al mar fue fundado por Vega en 1536, el fortín del Morro de La Magdalena o de Macarapana en tierras del cacique Cumanagoto Guaracapa, en cuyas faldas del mismo Morro estaba el pueblo de la cacica Magdalena.


El Morro de Maracapana, situado en la costa de los Cumanagoto, era la puerta de entrada a la Guayana, a una tierra semimítica, rica en oro, cuya conquista se disputaban las bandas rivales de Don Antonio Sedeño, conquistador y gobernador de Trinidad, Jerónimo de Ortal y los arruinados perleros de Cubagua. Para aquella época los perleros habían abandonado su isla a causa del agotamiento de los bancos de perlas y habían instalado su real en Macarapana, punto de partida para su proyecto de conquista de Guayana.


La actual población de Lechería, Estado Anzoátegui, Venezuela, cobra importancia durante la época colonial a finales del siglo XVIII cuando la corona española decide rehabilitar el Fortín de La Magdalena concluido en 1799 en el Cerro el Morro para evitar los ataques de piratas franceses, holandeses e ingleses. En 1817 durante la Guerra de independencia Simón Bolívar ocupa el fortín por breve tiempo para luchar contra los realistas y luego en 1819 es dominado por completo por los patriotas al mando del general Rafael Urdaneta.


A mediados del siglo XIX se transforma en una zona de cría de caprinos produciendo leche de chivas de donde recibe su nombre de Lechería, ya a inicios del siglo XX se funda a partir de una ranchería de pescadores lo que hoy el casco central de la ciudad, predominando la actividad pesquera hasta bien entrado el siglo XX.


Referencia
Civrieux, M. (1980). Los Cumanagoto y sus Vecinos. Los Aborígenes de Venezuela. VOL 1. Caracas: Monografía N°26/Fundación La Salle.

MORRO DE LECHERÍA
AUTOR: Félix Piñerúa Monasterio
DISEÑO Y MONTAJE ELECTRÓNICO: Trinemily Gavidia
FOTOGRAFÍA: Félix Piñerúa Monasterio

lunes, 8 de agosto de 2016

Pueblos de Venezuela - Ciudad Bolívar

Capital del Estado Bolívar, Venezuela, fue fundada por Don Antonio de Berríos el 21 de diciembre de 1595. Don Antonio de Berríos había llegado a la zona desde la Nueva Granada, actual Colombia, con la misión de poblar la Guayana. La población originalmente fue llamada Santo Tomás de Guayana y era un puerto fortificado que debe mudarse de emplazamiento en tres ocasiones, ya que era blanco de constantes asaltos por parte de los indígenas Caribe y corsarios europeos entre los que destaca Sir Walter Raleigh en 1617.

Fue mudada por última vez al sector más angosto de la margen derecha del rio Orinoco y rebautizada con el nombre de Santo Tomás de la Nueva Guayana de la Angostura del Orinoco o simplemente Angostura el 22 de mayo de 1764, nombre que persistirá por más de 80 años.


Durante la presidencia del general Carlos Soublette, en junio de 1846 sería renombrada como Ciudad Bolívar, en honor al Libertador Simón Bolívar, quien estableció en la ciudad, las bases de la acción que le permitió liberar las actuales naciones de Venezuela, Colombia, Panamá, Ecuador, Perú y Bolivia.


En 1800, los científicos naturalistas Alexander von Humboldt y Aime Bonpland visitaron Angostura y desde allí se dirigen por el Pao a Barcelona y luego a Cumaná, terminando así el recorrido por el territorio de Venezuela.


El 21 de julio de 1903 en las cercanías de Ciudad Bolívar, se libró la última batalla de la Revolución Libertadora donde el ejército gubernamental del mando de Juan Vicente Gómez vence a las fuerzas opositoras del general Nicolás Rolando, marcando el final del siglo XIX venezolano caracterizado por la inestabilidad política y las grandes guerras civiles, dando paso  a una etapa de consolidación del gobierno central bajo el gobierno de los andinos.


          CIUDAD BOLÍVAR
          AUTOR: Félix Piñerúa Monasterio
          DISEÑO Y MONTAJE ELECTRÓNICO: Trinemily Gavidia
          FOTOGRAFÍA: Félix Piñerúa Monasterio

martes, 3 de marzo de 2015

Pueblos de Venezuela - El Hatillo

En 1567, el Capitán Diego de Losada, fundador de Caracas, luego de capturar al Cacique Chacao, se fue hacia el Este con el propósito de someter a los indígenas Mariches, los cuales eran los que ofrecían mayor resistencia a los conquistadores españoles, luego de tener noticias de cómo murió el Cacique Guaicaipuro de los indígenas Teques.

Dejó en la zona de la actual Chacao a Francisco de Maldonado y junto con ochenta hombres, fue con el propósito de derrotar y someter a los Mariche que dominaban el territorio conocido hoy como los municipios Sucre y El Hatillo.
A pesar de que la resistencia de los Mariche fue intensa poco a poco fueron derrotados casi todos sus Caciques.
El Cacique Aricabacuto tuvo que rendirse y quedó bajo el poder de los conquistadores, cosa que fue aprovechada por Pedro Alonso Galéas para acabar en este territorio a la gran familia Mariche.
Al verse los Mariche derrotados en toda la extensión de su territorio al morir Tamanaco y, además por la peste de viruela, nombraron como jefe Supremo al Cacique Pariacare, a quien consideraban invencible. Sin embargo, Sebastián Díaz Alfaro, quien formaba parte del grupo que acompañó Diego de Losada en la conquista y fundación de Caracas, derrotó a Pariacare y a su gente. Al ver derrotado su último baluarte, la etnia Mariche, que tanto había luchado por su territorio, no tuvo más remedio que someterse al poderío ibérico y así terminó el imperio y la libertad de los heroicos indios Mariche.
Petare fue el primer centro de encomienda que se constituyó en el territorio de los indios Mariche, ya sojuzgados y abarcaba dentro de su jurisdicción a Baruta, la cual, a su vez era cabeza de El Hatillo.
El primer encomendero conocido del valle de Petare fue el capitán Francisco Infante, el cual la obtuvo seguramente, en el reparto que Diego de Losada practico en 1568.
En 1592, Juan de Guevara recibiera la adjudicación de las tierras de El Hatillo o “Jatillo”, como se decía antes.
Don Juan Francisco De León, nació en la isla de El Hierro, en el Archipiélago de Las Canarias, estaba casado con Lucia García del Castillo. Fue padre de 14 hijos, entre ellos Don Baltasar de León quien fundó El Hatillo en 1784.

Referencia
Peraza, J. (2006). Historia Íntima y Documentada del Nacimiento a la Pubertad del Municipio El Hatillo. Caracas: La Casa Tomada.

EL HATILLO
AUTOR: Félix Piñerúa Monasterio
DISEÑO Y MONTAJE ELECTRONICO: Trinemily Gavidia
FOTOGRAFÍA: Félix Piñerúa Monasterio

domingo, 11 de agosto de 2013

Etnología de Venezuela - San Juan Congo

Tanto en la tradición actual como en la recopilada por Sojo (1986), se cuenta que un navío negrero inglés, descargó una noche su contrabando de “piezas de ébano” en la pequeña población costera de La Sabana. Eran mil infelices, cargados de cadenas.
Un potentado señor de apellido Blanco, caló enseguida la estampa, la reciedumbre membruda de dos negros cuyo parecimiento fisionómico hacía suponer parentesco entre ellos. Uno era alto, de porte majestuoso y recogido en un silencio que contrastaba con la parlotería  en una lengua de sus compañeros de infortunio. El otro, más grueso y de menor edad en apariencia, hablaba bajo y miraba con ojos enrojecidos, llenos de amarga tristeza.
El señor Blanco, realizo su compra, los reunió a otros esclavos de menor precio y los entregó a su escolta, tomando el camino de la Villa de San José de Curiepe.
Meses después, cuando los esclavos machacaban un  poco el español, supo que eran hermanos, y lo que es más, príncipes africanos de un clan traicionado por una tribu enemiga que comerciaba con europeos saqueadores e incendiaros de las villas africanas. Bautizados en la religión católica, bien pronto revelaron no solamente su innata nobleza de sentimientos, sino también una gran pericia y conocimiento en el cultivo de cacao, cuya mejora de producción y aumento de las arboledas se hizo manifiesto. No obstante, el menor de los hermanos, no perdía aquella tristeza, ese estar como ausente de cuanto le rodeaba, aunque el amo se preocupaba que tuviese una alimentación sana, dándole asimismo alojamiento confortable y buen trato. Una mañana amaneció muerto, seccionada las carótidas con el filo del machete que aún empuñaba en medio de una gran mancha de sangre. Recibió cristiana sepultura en el cementerio común de la población. Al pie de su tumba quedó su hermano en vela toda la noche. Desde entonces, una inmensa melancolía rodeó su vida.
Vecinos a la casa del señor Blanco, vivían los Muñoz, pardos libres y también hacendados. Todas las tardes, venía una niña de dicha familia a conversar y jugar con el esclavo, al cual su amo dispensaba ahora de ir a las haciendas. Poco a poco le dejaba la administración de los trabajos, obligado como se veía a menudo a marchar a la capital de la provincia.
La pequeña pasaba ratos inefables escuchando los cuentos de animales del esclavo. Había cierta ternura filial hacia aquel hombre en cuyos ojos se adivinaba el infortunio. Entonces la pequeña pasaba suavemente su manecita sobre su calva, una y varias veces haciéndole reír. Aquel espectáculo terminó de ablandar el corazón del señor Blanco, quien le dio espontáneamente carta de libertad, regalándole una pequeña arboleda con tierras adyacentes y un solar vecino a su casa para que construyese su vivienda.
Fue notorio entonces el respeto, el comedimiento que negros esclavos y libres, zambos y mulatos, tenían por el recién liberado. Poco tiempo luego murió el señor Blanco, a quien debía su restitución al estado humano sociable y racional. Con ahorros de su trabajo, negoció aquellas posesiones, hijas de los desvelos de él y su hermano difunto. Ahora se llamaba a su vez, el “señor Blanco”.
Acostumbraban los hacendados del lugar, dar tres días de asueto a sus servidores el día de San Juan Bautista, que celebraban al son del tambor y bailando después de la Misa. Los africanos y sus descendientes, rendían culto a un Santo de los blancos, en que no se les permitía acceso a la iglesia, contentándose con oír misa des afuera para luego concurrir a la danza de los tambores, y allí trasegaban grandes cantidades de vino y aguardiente, con deseperación que les costaba en ocasiones la vida, bien por mano ajena o por las suyas propias, reacios a regresar el tercer día a la vida de la esclavitud.
El “Señor Blanco” –negro, libre, casado y rico-, contemplaba con silenciosa consternación las escenas. Una mañana montó en su mula y acompañado de su escolta, salió rumbo desconocido. Al cabo de varios días, regreso al pueblo. Faltando pocos meses para la celebración de San Juan en el año próximo, comenzaron a llegar a su casa, hombres de diversas partes de la región. En la noche, a puertas cerradas, celebraron una reunión, en que trascurrieron las conversaciones en dialecto; seguramente alguno del bantú, pues cuéntase que este señor Blanco, venía de la parte suroeste de África, o sea de la zona del Congo.
En esas celebraciones, los esclavos y libres, llegaron a un acuerdo: hacer fondo común cada año para comprar la liberad de dos o tres de sus semejantes. El señor Blanco se asignó una fuerte suma, suficiente para liberar a dos o tres del mejor precio. Y aun más, hizo encargar a un artesano de color una imagen costosa de San Juan, en cuyos materiales de modelación entró otro polvo. Por un valor de dos mil pesos, vino el nuevo santo, pequeñín, gracioso, sin embargo con una dulce tristeza en los ojos bajo sus rulos dorados. Tez de morenas amapolas y cabellos de oro. La pequeña imagen se llamó “el San Juan Congo”.
El señor Blanco se valió de influencia y dinero, hasta obtener licencias de la iglesia, enseguida la bendición, para los festejos en los días ya acostumbrados.
Entonces se canto Malembe, tonada que es invocación del día último a los dioses de África. Quiere decir su fonética: “Dios Poderoso”. Literalmente significa “tristeza”, “suavemente”, “pesar inevitable”. Pero esta invocación, llevaba en sí contornos trágicos y terribles. Representaba en realidad un culto de la liberación por la muerte. Muerte por su propia mano, antes que los esbirros esclavócratas se la dieran con el látigo asesino. En esta caso, tal expresión es empleada como invocación a los dioses originarios:”¡Dios Todo Poderoso, apiádate de tus siervos!”. Podían ahora beber y beber hasta hartarse, hasta perder la noción del ser. Disponían ahora del recurso de la muerte, como liberación definitiva. La tradición directa, fidedigna y exacta cuenta sombríamente cómo los esclavos se ahorcaban en los árboles, y cómo se entonaba el Malembe –responsorio ritual en la ceremonia del “encierro” del Santo-, después que en medio de un silencio impresionante, exclamaba una voz (algún sacerdote de sus cultos): “¡Ya voló vuelto paloma!”. Alba paloma escapada de una servidumbre nefasta. ¡Vuela, vuela hacia las regiones donde los hombres no tienen color ni hay odios raciales!
La imagen de San Juan Congo se venera todos los años. A su cuidado quedaron los sucesivos descendientes se aquel príncipe de África. Priva en la celebración de su festividad, la adoración de sus devotos, especie de sociedad religiosa, religiosamente sincrética.
También se conoce como San Juan Guaricongo y que parece descomponerse en fonema del Dahomey: Guari, gallina de guinea o piroca, entroncado a Congo, gentilicio propiamente bantú. Esta última definición está clara en la conocida copla:
San Juan Guaricongo
Cabeza pelá
¡Quitate la gorra
Pa´vete bailá!

Referencia
Piñerúa, F. (s/f). En Torno a San Juan Congo. Caracas: Investigación en curso.
Sojo, J. (1986). Estudio del Folklore Venezolano. Biblioteca de Autores y Temas Mirandinos, N° 34.

SAN JUAN CONGO
AUTOR: Félix Piñerúa Monasterio
DISEÑO Y MONTAJE ELECTRÓNICO: Trinemily Gavidia Arguinzones
FOTOGRAFÍA: Félix Piñerúa Monasterio