jueves, 16 de febrero de 2012

Leyendas de Latinoamérica - La Llorona

Es una leyenda popular latinoamericana, cuya presencia se conoce desde México hasta Chile, y en el mundo. Cada región tiene su propia leyenda y versión especial sobre la Llorona.
Según los campesinos, la Llorona aparece como una mujer con rostro huesudo de calavera, ojos rojizos, cabellos desgreñados, con larga vestiduras, sucias y deshilachadas, llevando en sus brazos un niño muerto. Se distingue por sus lloriqueos angustiantes y profundos y sus gritos macabros y plañideros. Sale por todas partes profiriendo llantos desgarradores. Se trata de un espíritu de mujer que mató a su hijo, y como castigo fue condenada a vivir llorando y con lamentos que provocan inmenso terror.
Esta desconsolada mujer llora en las hondonadas de las quebradas, en las noches de plenilunio, en los cafetales, sementeras, en las riberas de los ríos y en la orilla de los montes; sus gritos lastimosos aparecen también en las ladeas perdidas de los Andes. Los campesinos creen que la Llorona sale en noches de luna; en algunos lugares de Antioquia la llaman «María Pardo». En la región de Pasto, es llamada La Tarumana, representada por una vieja arrugada, fea como el demonio que en vez de pies tiene cascos de mula y los senos tan alargados que los carga sobre sus hombros; bajaba llorando en horas avanzadas de la noche por el río Egido; los pastusos creían que era un alma en pena por haber botado la criatura que dio a luz sin ser casada, para tapar su vergüenza; y que este crimen lo estaba purgando no se sabe si hasta el fin del mundo.
En la tradición popular de Tunja, aparece una leyenda de la Llorona, en relación con la Sombrerona. Los tunjanos veían una mujer de elevada estatura y con un gran sombrero en la cabeza; escuchaban inicialmente cuando un niño lloraba acongojado y luego una mujer que lanzaba gritos desgarradores de llanto y desesperación. A veces veían también un esqueleto echando chispas por las cuencas de los ojos y fumando tabaco, con un fuerte olor a azufre. A la Llorona le gustaba fumar tabaco y pararse al pie de las ventanas en donde estuvieran tocando instrumentos de cuerda, especialmente requintos, tiples o guitarras. Los tunjanos creían que la Llorona era el espanto de una mujer embarazada que se suicidó de despecho amoroso y fue condenada a llorar eternamente por su pecado.
En algunas regiones de Tolima Grande representan a la Llorona como una mujer hermosa con una linda cabellera y llorando se acerca a los hombres. En los cementerios la ven con una vela en la mano y con llantos lastimeros grita: «¡Ay mis hijos… dónde estarán mis hijos…». Es la imagen de la madre que llora eternamente la desdicha de la muerte de su hijo y con gritos desgarradores y amenazantes se culpa a sí misma.
En el folclor español aparece la Llorona como una leyenda popular generalizada en diversas regiones, presenta los mismos rasgos de la mujer desesperada que llora por su hijo muerto. En el Paraguay, la leyenda de la Llorona está relacionada con el ave urutaú, llamado también güemi-cué que siempre llora. En Venezuela una de sus versiones trata sobre una mujer que mato a sus hijos al enterarse que su esposo la engañaba con su propia madre. Desde entonces vaga persiguiendo hombres infieles para vengarse de ellos.
Cihuacoatl
La leyenda de la Llorona, en México, tiene sus raíces en la mitología de los antiguos mexicanos. Sahagún en su Historia (libro 1º, Cap. IV), habla de la diosa Cihuacoatl, la cual "aparecía muchas veces como una señora compuesta con unos atavíos como se usan en Palacio; decían también que de noche voceaba y bramaba en el aire... Los atavíos con que esta mujer aparecía eran blancos, y los cabellos los tocaba de manera, que tenía como unos cornezuelos cruzados sobre la frente". El mismo Sahagún (Lib. XI), refiere que entre muchos augurios o señales con que se anunció la Conquista de los españoles, el sexto pronóstico fue "que de noche se oyeran voces muchas veces como de una mujer que angustiada y con lloró decía: "¡Oh, hijos míos!, ¿dónde os llevaré para que no os acabéis de perder?".
La tradición es, por consiguiente, remotísima; persistía a la llegada de los castellanos conquistadores y tomada ya la ciudad azteca por ellos y muerta años después doña Marina, o sea la Malinche, contaban que ésta era La Llorona, la cual venía a penar del otro mundo por haber traicionado a los indios de su raza, ayudando a los extranjeros para que los sojuzgasen.
Consumada la conquista y poco más o menos a mediados del siglo XVI, los vecinos de la ciudad de México que se recogían en sus casas a la hora de la queda, tocada por las campanas de la primera Catedral; a media noche y principalmente cuando había luna, despertaban espantados al oír en la calle, tristes y prolongadísimos gemidos, lanzados por una mujer a quien afligía, sin duda, honda pena moral o tremendo dolor físico.
Las primeras noches, los vecinos contentábanse con persignarse o santiguarse, que aquellos lúgubres gemidos eran, según ellas, de ánima del otro mundo; pero fueron tantos y repetidos y se prolongaron por tanto tiempo, que algunos osados y despreocupados, quisieron cerciorarse con sus propios ojos qué era aquello; y primero desde las puertas entornadas, de las ventanas o balcones, y enseguida atreviéndose a salir por las calles, lograron ver a la que, en el silencio de las obscuras noches o en aquellas en que la luz pálida y transparente de la luna caía como un manto vaporoso sobre las altas torres, los techos y tejados y las calles, lanzaba agudos y tristísimos gemidos.
Vestía la mujer traje blanquísimo, y blanco y espeso velo cubría su rostro. Con lentos y callados pasos recorría muchas calles de la ciudad dormida, cada noche distintas, aunque sin faltar una sola, a la Plaza Mayor, donde vuelto el velado rostro hacia el oriente, hincada de rodillas, daba el último angustioso y languidísimo lamento; puesta en pie, continuaba con el paso lento y pausado hacia el mismo rumbo, al llegar a orillas del salobre lago, que en ese tiempo penetraba dentro de algunos barrios, como una sombra se desvanecía.
También en el folclor mexicano aparece la Llorona relacionada con la monja que tuvo su desliz sexual y se suicidó del arrepentimiento en una profunda cisterna, profiriendo gritos lastimosos y espantosos. La Llorona, era a veces una joven enamorada, que había muerto en vísperas de casarse y traía al novio la corona de rosas blancas que no llegó a ceñirse; era otras veces la viuda que veía a llorar a sus tiernos huérfanos; ya la esposa muerta en ausencia del marido a quien venía a traer el ósculo de despedida que no pudo darle en su agonía; ya la desgraciada mujer, vilmente asesinada por el celoso cónyuge, que se aparecía para lamentar su fin desgraciado y protestar su inocencia.

Referencias
González Obregón, L. (1988). Las Calles de México, Leyendas y Sucedidos, Vida y Costumbres de Otros Tiempos. México: Porrúa.
Ocampo, J. (2010). Mitos Colombianos. Bogotá: Punto de Lectura.

Félix Piñerúa Monasterio

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