Mostrando entradas con la etiqueta Antropología Física.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Antropología Física.. Mostrar todas las entradas

lunes, 3 de marzo de 2014

Antropología Física - El Género “Homo” Único Cuyos Dientes han Decrecido al Aumentar el Cerebro

Investigadores de las universidades españolas de Granada y Málaga develan que los primates del género Homo son los únicos en los que el tamaño de los dientes ha decrecido a medida que ha aumentado el tamaño del cerebro. La clave de esto podría estar en la evolución de la dieta del Homo.
Como la digestión acontece, en primera instancia, en la cavidad oral, y los dientes son fundamentales para la reducción de los alimentos a partículas de menor tamaño. Lo normal sería que si crece el tamaño del cerebro, y con ello las necesidades metabólicas, también lo hagan los dientes, pero paradójicamente en el género Homo ha ocurrido lo contrario. Un cambio en la dieta, con la inclusión de una mayor cantidad de alimentos de origen animal, debió ser una de las claves de este fenómeno.
El incremento en la calidad de la dieta de los Homo, a través de una mayor ingestión de proteínas animales, grasas y algunos oligoelementos presentes en ellas, es fundamental para el mantenimiento y el funcionamiento correcto del cerebro. Por otra parte, un gran cerebro permitió el desarrollo cultural y social que conllevo a importantes innovaciones tecnológicas.
En el estudio se evaluaron la relación entre el tamaño de la dentición poscanina y el volumen del endocráneo en un conjunto amplio de primates, entre los que se incluyen a los principales representantes de los homínidos fósiles.
El investigador Jiménez Arenas indica que “hasta este trabajo, era bien conocido que los dientes disminuían de tamaño y el cerebro crecía a lo largo de la evolución de los humanos. Nosotros hemos determinado que se trata de dos tendencias evolutivas opuestas que están vinculadas desde hace 2,5 millones de años, momento en que aparece en el escenario evolutivo los primeros representantes de nuestro propio linaje, el género Homo”.
Estos cambios también están relacionados con la inactivación del gen MYH16, relacionado con la musculatura temporal, que disminuyó de tamaño hace aproximadamente 2,4 millones de años, lo cual supondría la desaparición de un importante impedimento para la encefalización (una musculatura temporal hipertrofiada impide el desarrollo de la bóveda craneana).
Igualmente han analizado su relación con la inactivación del gen SRGAP2, lo que contribuyó a la evolución del neocórtex, jugando un papel fundamental en el desarrollo del cerebro humano.
Este trabajo se realizo gracias a la colaboración de Juan Manuel Jiménez Arenas, del departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Granada con Paul Palmqyist y Juan Antonio Pérez Claro, del departamento de Ecología y Geología, y Juan Carlos Aledo, del departamento de Bioquímica y Biología Molecular, de la Universidad de Málaga.

Referencia
http://noticiasdelaciencia.com  26/02/2014

EL GÉNERO "HOMO" ÚNICO CUYOS DIENTES HAN DECRECIDO AL AUMENTAR EL CEREBRO
AUTOR: Félix Piñerúa Monasterio
DISEÑO Y MONTAJE ELECTRÓNICO: Trinemily Gavidia

sábado, 19 de octubre de 2013

Antropología Física - El Cráneo Homínido más Antiguo Encontrado Fuera de África

Con una data de 1,8 millones de años son los restos homínido más antiguo encontrado fuera de África. Un cráneo (denominado D4500 o cráneo 5, desenterrado en el 2005) y una mandíbula (2000) desenterrados en Dmanisi, Georgia, ha reabierto el debate sobre la clasificación de especies del género Homo. Hasta ahora, los restos fósiles más antiguos fuera de África se hallaron en Indonesia (1,7 millones de años), mientras que en Europa los restos de homínidos de Atapuerca, España, tienen 1,3 millones de años.
David Lordkipanidze, el cientifico que está al frente de esta investigación comenta que el cráneo comparte características morfológicas con los primeros fósiles del género Homo encontrados en África y de 2,4 millones de años de antigüedad.
El individuo, un varón, poseía un cerebro pequeño (546 cm³), la mitad de un Homo sapiens (1.400 cm³). Su cara era alargada y los dientes grandes, media entre 1,40 y 1,60 metros, pesaba alrededor de 50 Kg y de unos 30 años.
Los paleontólogos que realizan esta investigación proponen que: los fósiles tempranos del género Homo (Homo habilis, Homo rudolfensis o Homo erectus) pasan a ser considerados miembros de una única especie. Aunque admiten que tienen características físicas diversas, creen que la variación no es tan pronunciada como para considerar que pertenecen a líneas evolutivas distintas. Englobando bajo la definición de Homo erectus los restos fósiles descubiertos en África hace 2,4 millones de años así como los desenterrados posteriormente en Asia y Europa entre 1,7 y 1,2 millones de años.
El yacimiento de Dmanisi se encuentra situado en el cruce de tres continentes: África, Asia y Europa. El paleontólogo Jordi Agustí del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social, quien realiza investigaciones en Dmanisi dice que “Se han encontrado miles de herramientas de piedra y una gran cantidad de fósiles de ciervos, caballos, rinocerontes y elefantes” y “el  estado de conservación del cráneo 5 es extraordinario. Pienso que probablemente es el mejor conservado del registro humano”. Además, recuerda que en este yacimiento se han encontrado también otros restos esqueléticos de un homínido adulto de gran tamaño que creen que corresponden al mismo individuo.

Referencia
Guerrero, T. (17/10/2013). Un Cráneo de 1,8 millones de  Años Reabre el Debate Sobre las Especies de Homínidos. Madrid: El Mundo.

EL CRÁNEO MÁS ANTIGUO ENCONTRADO FUERA DE ÁFRICA
AUTOR: Félix Piñerúa Monasterio
DISEÑO Y MONTAJE ELECTRÓNICO: Trinemily Gavidia

miércoles, 24 de julio de 2013

Antropología Física - La Herramienta Más Antigua de Europa Occidental

Dos metros por debajo de donde se encontró la mandíbula humana más antigua de la parte oeste de Europa, en Atapuerca, España, se encontró un sílex del que se concluye es una especie de cuchillo primitivo que se sitúa hace 1,5 millones de años.
            Este hallazgo, junto con los nuevos fósiles de piedra aparecidos en otro yacimiento de Atapuerca datado en un millón de años, confirman la continuidad del poblamiento humano en Europa desde que se originó, hace aproximadamente 1,5 millones de años, hasta la aparición de ‘Homo antecesor’, hace unos 850.000 años, según explica Eudald Carbonell, codirector de excavaciones.
            Para Carbonell, este hallazgo es relevante porque “contradice las hipótesis planteadas por algunos investigadores que explicaban el primer poblamiento de Europa a partir de la sucesión de pequeñas oleadas de homínidos sin  continuidad en el tiempo y condenadas a la extinción ante su incapacidad de adaptarse a los nuevos espacios”.
             
También se ha presentado una escápula infantil de ‘Homo antecessor’, la segunda documentada de un homínido tan antiguo. Este fósil, aunque se descubrió en 2005, ha necesitado siete años de restauración.

            Referencia
Carbonell, E. (24/07/2013). Descubren en Atapuerca la herramienta más antigua de Europa occidental. Madrid: El Mundo.

LA HERRAMIENTA MÁS ANTIGUA DE EUROPA OCCIDENTAL
AUTOR: Félix Piñerúa Monasterio
DISEÑO Y MONTAJE ELECTRÓNICO: Trinemily Gavidia Arguinzones

miércoles, 17 de julio de 2013

Antropología Física – Homínido Bípedo

Hace varios millones de años, nuestros antepasados dejaron de trasladarse a cuatro patas para trepar los árboles y caminar erguido, sobre dos pies. Cómo se produjo este proceso que nos llevó a convertirnos en lo que somos hoy todavía está lleno de incógnitas y ahora un nuevo hallazgo viene a complicar aún más el relato. Un equipo internacional de investigadores ha encontrado en Etiopía los restos del pie de un homínido de 3,4 millones de años cuyas características morfológicas y motoras no encajan con las de los homínidos que vivían entonces en África, los Australopithecus afarensis.
Los investigadores sospechan que el pie puede pertenecer a otra especie de homínido, quizás una desconocida, con rasgos más primitivos, que se movía de forma diferente, con su propia manera de caminar. La descripción de los fósiles aparece publicada en la revista Nature.
El equipo científico, dirigido por Yohannes Haile-Selassiem, del Museo de Historia Natural de Clevelan (Ohio), hallaron los huesos del pie en el yacimiento de Woranso-Mille, en la región de Afar, en el centro de Etiopía. Los fósiles databan de 3,4 millones de años, una época en la que el único homínido conocido era el Australopithecus afarensis, la especie a la que pertenecía «Lucy», una hembra de 20 años, un metro de altura y 27 kilos de que caminaba erguida con un pie comparable a los de los humanos modernos, aunque de cerebro pequeño. Mientras que  el pie que ahora se ha encontrado resulta diferente, tiene el dedo gordo oponible, como un chimpancé, lo que lo hace más similar al pie del Ardipithecus ramidus, un antepasado de los humanos que prosperó en lo que hoy es Etiopía hace casi 4,5 millones de años, un millón de años antes que el afarensis, lo que le sitúa muy cerca del momento en que se cree vivió el último ancestro común entre humanos y chimpancés. Su mayor exponente es el conocido «Ardi».
La afinidad taxonómica de la nueva muestra sigue siendo incierta, pero el del pie fósil representa un homínido que, a diferencia de sus contemporáneos Australopithecus afarensis, mantiene una capacidad de agarre que le permite trepar a los árboles y moverse a través de un bosque con más eficacia.
Según los científicos, estas diferencias pueden significar la presencia de más de una especie homínida en el comienzo del Plioceno tardío en África. Una de ellas mantenía la adaptación motora del Ardipithecus ramidus.

Referencia
De Jorge, J. (28/03/2012). El Otro Homínido que Sabía Caminar. Madrid: El Mundo.

HOMÍNIDO BÍPEDO
AUTOR: Félix Piñerúa Monasterio
DISEÑO Y MONTAJE ELECTRÓNICO: Trinemily Gavidia Arguinzones

lunes, 24 de junio de 2013

Antropología Física – La Duplicación Genética y Nuestra Diferenciación del Resto de los Primates

Los cambios genéticos propiciaron la aparición de la diferencia entre los humanos y otros primates en el proceso evolutivo de nuestra especie. Hasta el momento, los científicos han catalogado unos 30 genes que jugaron un papel en este proceso de diferenciación. Estos genes se duplicaron en nuestro genoma hace menos de seis millones de años antes que la diferenciación comenzara.
Un equipo de investigadores del instituto Scripps Research, en Estados Unidos, ha hecho un importante avance en la comprensión de la genética subyacente a la caracterización única del ser humano.
Concretamente, los científicos han conseguido demostrar que una copia extra de un gen implicado en el desarrollo cerebral, el SRGAP2, aparecido en el genoma de nuestros ancestros hace unos 2,4 millones de años, propició que las neuronas desarrollasen más conexiones.
Según los investigadores, dicha copia del SRGAP2 no aumentó la función del gen original, sino que interfirió con ella, proporcionando más tiempo a las neuronas para hacer sus conexiones, en un cerebro más grande.
Franck Polleux, responsable de la investigación declara que este hallazgo parece ser “un importante ejemplo de la innovación genómica que contribuyó a la evolución humana”.
El científico añade que “el descubrimiento de que un gen duplicado pudo interactuar con un gen original también sugiere una nueva forma de pensar sobre cómo se produjo la evolución, y debería darnos claves sobre ciertos trastornos específicos del desarrollo, como la esquizofrenia o el autismo”.
Hace varios años, Polleux, y sus colaboradores, especializados en el estudio del desarrollo del cerebro humano, comenzaron a investigar las funciones del gen SRGAP2, entonces recién descubierto.
En sus análisis, realizados con ratones, se dieron cuenta de que este gen juega un papel clave en el desarrollo cerebral porque deforma las membranas del exterior de las neuronas jóvenes, forzando en ellas el crecimiento de unos apéndices neuronales conocidos como filopodios (microespículas), que a su vez son precursores de las “espinas” o protuberancias de las dendritas neuronales, posibilitadoras de la comunicación entre neuronas.
Pulleux y su equipo constataron en otra investigación que el SRGAP2 se encontraba entre los genes que se duplicaron en el genoma humano durante el proceso de diferenciación de nuestra especie.
Teniendo en cuenta ambos hallazgos, los científicos decidieron determinar el efecto concreto en la diferenciación de nuestro cerebro de la duplicación del SRGAP2.
Para ello, en primer lugar realizaron un detallado estudio del cromosoma 1 humano, donde reside el SRGAP2. Allí encontraron que, efectivamente, había dos copias de este gen: la SRGAP2B y la SRGAP2C.
A partir de pruebas realizadas con cultivos de tejidos neuronales y células humanas para distinguir los productos proteicos del gen original y de sus copias, los científicos constataron que solo una de las versiones del gen original, la SRGAP2C, estaba biológicamente activa y presentaba un alto nivel de expresión.
Los investigadores descubrieron, en pruebas realizadas con ratones, que esta copia inhibe las funciones normales de la proteína del SRGAP2, lo que hace que las neuronas del córtex afectadas por el SRGAP2C humano migren más rápido, y tarden mucho más en producir sus espinas dendríticas.
Este retraso en la producción de las espinas provoca que las neuronas formen, al final de su desarrollo, muchas más espinas que en cualquier otro caso, es decir, que en última instancia propicia que se produzcan más conexiones entre las neuronas. Por esa razón, Polleux señala que: “El  SRGAP2C fue importante para uno de nuestro cambios evolutivos calve”.
Estos resultados sugieren que la duplicación SRGAP2C del gen original SRGAP2 en el linaje Homo supuso una ventaja evolutiva. Pero, seguramente, hubo más genes implicados en el proceso de cambio que dio lugar a nuestra especie.
Dado que alrededor de unos 30 genes codificados de proteínas se duplicaron a medida que el genoma homínido inicial evolucionó hacia el genoma humano, Polleux afirma que, lo más probable, es que entre todos ellos se produjera “una co-evolución de cambios genómicos, que hizo único al cerebro humano”.
Además de ayudar a comprender el desarrollo pasado de nuestro cerebro, estos hallazgos podrían tener implicaciones futuras ya que, según los científicos, la comprensión de las duplicaciones genéticas servirá para entender algunos de los trastornos de desarrollo humano, como el autismo o la esquizofrenia, provocados por conexiones neuronales anómalas.
En este sentido, Polleux y sus colaboradores planean llevar a cabo más estudios genéticos para determinar si otras duplicaciones genéticas, como la del SRGAP2C, pueden provocar trastornos neurológicos del desarrollo.

Referencia
Martínez, Y. The Scripps Research Institute.

LA DUPLICACIÓN GENÉTICA Y NUESTRA DIFERENCIACIÓN DEL RESTO DE LOS PRIMATES
AUTOR: Félix Piñerúa Monasterio
DISEÑO Y MONTAJE ELECTRÓNICO: Trinemily Gavidia Arguinzones

lunes, 17 de diciembre de 2012

Antropología Física - La Hipótesis del Cazador Hoy

La hipótesis de la caza sugiere que el hombre evoluciono como carnívoro. Raymond Dart estaba convencido desde el comienzo que el Australopithecus por los elementos de juicio que ofrecían la dentición y el ambiente estéril, que en ninguna época podía haber tenido bosques ni frutos, era carnívoro y cazador. Pero nuestro pasado como cazador no sólo había engendrado los placeres de la caza o nuestra vigorosa inclinación por las armas; también hemos heredado las cualidades de la cooperación, la lealtad, la responsabilidad y la interdependencia: una visión del mundo que el primate vegetariano nunca podía tener. Y sin estas innovaciones el hombre nunca podía haber llegado a ser hombre.
            Hoy estamos convencidos de que la relación del consumo de carne con la evolución de la especie humana viene de antiguo. La principal teoría apunta que esa dieta está intrínsecamente relacionada con el desarrollo de un cerebro creciente, que necesitaba tejidos y grasa para su desarrollo. Ahora, además, un grupo de investigadores apunta que este alimento permitió adelantar del destete de las crías, favoreciendo un aumento de la población que afectó a la expansión de la especie por el planeta.
Para llegar a esta conclusión, los investigadores, de la Universidad de Lund, en Suiza, han realizado un estudio comparativo entre 67 especies de mamíferos, entre ellas monos, ratones, ballenas, osos o seres humanos, cuyas conclusiones publican en PLoS ONE.
Aseguran que el hecho de que los humanos primitivos se hicieran carnívoros (los chimpancés ya consumen pequeños animales, aunque son principalmente herbívoros) favoreció una dieta de más calidad que permitió a las madres aumentar su prole. "Esto debió tener un impacto crucial en la evolución", asegura Elia Psouni, responsable del estudio.
Unos restos fósiles encontrados por el equipo español que trabaja en Olduvai (Tanzania) confirman que la carne ya era un plato fundamental del menú humano hace casi dos millones de años y que su carencia provocaba enfermedades y muerte.
La duración media del amamantamiento entre las 46 sociedades humanas estudiadas por los suizos varía entre los dos años y los cuatro meses, un periodo que es muy corto para una vida que, en su tope máximo, puede alcanzar los 120 años. Y aún lo parece más si se compara con el de los parientes más cercanos, los chimpancés, que no destetan a sus crías hasta que tienen cuatro o cinco años, pese a que no viven más de 60 años.
Las explicaciones de este hecho han sido muy diversas y muchas se basan en hipótesis sobre el comportamiento social de la especie, el parentesco y la familia.
El equipo suizo ha comprobado que todos los mamíferos, a lo largo de sus 90 millones de años de existencia, han dejado de amamantar cuando el cerebro alcanzaba una determinada fase de su desarrollo. Y ese punto lo alcanzan antes los carnívoros (es decir, los que reciben al menos el 20% de su energía de la carne) que los herbívoros u omnívoros, debido a que es una dieta de más calidad.
Por lo tanto, concluyen en este trabajo, la diferencia entre el primate humano y los gorilas o los chimpancés, en cuanto al destete, también se debe a que el primero es más carnívoro. Psouni reconoce que es una tesis provocativa, pero que "no siempre hay que buscar la cultura por debajo de comportamientos que tienen que ver más bien con la biología".
La investigadora está convencida de que este hecho favoreció un aumento de las poblaciones humanas que fue clave en la expansión de aquellos primitivos homínidos fuera de África.
El hallazgo del arqueólogo español Manuel Domínguez-Rodrigo, codirector del Instituto de Evolución en África (IDEA), con sede en Olduvai, consiste en un fragmento del cráneo de un niño de dos años que presenta una patología producida por falta de vitaminas que hay en la carne. "Esto indica que ya hace más de millón y medio de años formaba ya parte fundamental de la dieta de la especie y, por ello, cuando no la había, se sufrían daños".
De hecho, conseguirla se convirtió en uno de los objetivos fundamentales de los humanos prehistóricos, ya fuera carroñeando la que dejaban otros grandes carnívoros o cazando.
No obstante, tanto Psouni como Rodríguez-Rodrigo apuntan que este pasado carnívoro no justifica el consumo que hoy se hace. "Hoy existen alimentos con similares propiedades a las de la carne que son buenos sustitutos de ella, pero que no había en la sabana africana".
Psouni, por su parte, asegura que su investigación "no tiene que ver nada con el hecho de si los humanos dejan de comer carne o no en la actualidad".
Comer carne y grasa con exceso es para los humanos del siglo XXI un auténtico problema: no sólo genera problemas graves de salud, al generar enfermedades cardiovasculares y obesidad, sino que tiene un insostenible coste medioambiental en el planeta: producir cada kilo de carne (y se hace casi de forma industrial) supone un gasto de entre ocho y 10 kilos de grano.

Referencias
Ardrey, R. (1978). La Evolución del Hombre: La Hipótesis del Cazador. Madrid: Alianza.
El Mundo.es  19/04/2012

LA HIPÓTESIS DEL CAZADOR HOY
AUTOR: Félix Piñerúa Monasterio
DISEÑO Y MONTAJE ELECTRÓNICO: Trinemily Gavidia
FOTOGRAFÍA: Félix Piñerúa Monasterio

martes, 27 de septiembre de 2011

Antropología Física - Frans de Waal y la Monogamia

Los primates que viven en familia, machos y hembras, son territoriales. En el caso del gibón posee un amplio territorio y no deja que nadie entre allí. No se interesa  en una sociedad. Nosotros los humanos somos muy especiales: tenemos familias cuyos miembros están completamente integrados al resto de la sociedad. Tenemos un poco de territorio –nuestra casa, a veces un jardín-, pero eso es todo.
Eso significa también que la familia debe estar protegida. Si no hay gran territorio alrededor, se necesitan otras protecciones. Si no, si todo el mundo tiene relaciones sexuales con todo el mundo –en el medio de la calle, por así decir- la familia se desagrega. Ahí es donde entra en juego la moralidad humana: hemos limitado la familia a códigos morales muy fuertes que respetamos vigorosamente. En nuestros días, la religión está muy implicada en la moralidad, pero estoy seguro de que durante mucho tiempo, antes incluso del nacimiento de las religiones, ya había códigos morales en las sociedades.
En general, en las sociedades primates de costumbres “ligeras” –como los bonobos (Pan paniscus) y los chimpancés (Pan troglodytes), nuestros parientes más cercanos-, los machos tienen testículos muy grandes: en el  bonobo, teniendo en cuenta su peso, son diez veces más grandes que en el ser humano. Pero en general, cuanto menos competencia hay entre los machos por las mismas hembras, más pequeños son los testículos. Tomemos el ejemplo del gorila (Gorilla gorilla) o (Gorilla beringei), que mantiene a cualquier otro individuo por fuera de su territorio. Es el único que se aparea con las múltiples  hembras durante el período en que es jefe del grupo. Y tiene testículos muy pequeños, pues cuando se aparee con una hembra su esperma será el único que la penetrará. Por así decir, no tiene que preocuparse por los eventuales competidores machos que podrían aparearse con las mismas hembras y fertilizarlas.
En una sociedad como la de los chimpancés o los bonobos, donde muchos machos se aparean con muchas hembras, se verifica que los testículos son más grandes: se hace importante producir más esperma que el resto de los machos, y de mejor calidad, para que las chances de fertilizar a las hembras sean más elevada. El hecho de que el macho humano tenga testículos pequeños, pues, es observado como un signo de que existen relaciones de pareja desde hace mucho tiempo en el linaje humano, relaciones en las que un macho está casi seguro de ser el que fertiliza a la hembra con la cual tiene contacto.
Si los machos están en competencia constante e intensa por las hembras, son más grandes, mucho más grande que las hembras. El macho gorila es dos veces más grande que la hembra. Un macho humano apenas más grande que la hembra es entonces otro indicador de que desde hace tiempo existe ciertos sistemas sociales que reduce la competencia entre machos. La unión monógama podría ser ese sistema.
La hembra chimpancé y la hembra bonobo no reciben ninguna ayuda del macho. La bonobo trae un hijo al mundo más o menos cada seis años. El hecho de que los machos ayuden en la vida familiar es lo que permitió a las mujeres a tener un hijo cada dos años.

Bibliografía
Meyer, C. (2010). Los Nuevos Psi. Lo que hoy Sabemos sobre la Mente Humana. Buenos Aires: Sudamericana.

FRANS DE WAAL Y LA MONOGAMIA 
AUTOR: Félix Piñerúa Monasterio
DISEÑO Y MONTAJE ELECTRÓNICO: Trinemily Gavidia
FOTOGRAFÍA: Félix Piñerúa Monasterio

viernes, 12 de agosto de 2011

Antropología Física - Paleoantropología

La paleoantropología es la rama de la antropología que se ocupa del estudio de la evolución humana y sus antepasados fósiles. A veces, también puede ser conocida como paleontología humana.

Está estrechamente vinculada a la paleontología, la geología, la paleoecología, la biología, la genética, la primatología y especialmente la arqueología. La paleoantropología busca analizar e interpretar los datos biológicos y culturales del pasado humano con el objetivo de explicar el surgimiento del hombre y sus sucesivos cambios.



Referencia
Piñerúa, F. (s/f). Evolución y Pensamiento. Caracas: Por Publicar.

Fotos: Museo Arqueológico Nacional (Madrid)

PALEOANTROPOLOGÍA
AUTOR: Félix Piñerúa Monasterio
DISEÑO Y MONTAJE ELECTRÓNICO: Trinemily Gavidia
FOTOGRAFÍA: Félix Piñerúa Monasterio

lunes, 18 de julio de 2011

Antropologia Física - Género Homo

El género Homo, es un género de primates homínidos  de la tribu Hominini  que incluye al ser humano moderno y a sus más cercanos parientes. La edad del género se estima en aproximadamente 2,4 millones de años (Homo habilis, Homo rudolfensis). Todas las especies, a excepción del Humo sapiens , actualmente están extintas. El último sobreviviente cercano, el Homo neanderthalensis, se extinguió hace menos de 30.000 años, aunque evidencias recientes sugieren que el Homo floresiensis  sobrevivió hasta hace poco más de 12.000 años.

Los Homo se caracterizan por ser bípedo, con pies no prensiles y su primer dedo alineado con los restantes. Presenta hipercefalización y una verticalización completa del cráneo. Entre las características que llevaron a separar Homo habilis  del género Australopithecus destacan el tamaño del cráneo y, más importante aún, la capacidad de crear herramientas (Wood; 1992).


Hasta el momento conocemos las siguientes especies pertenecientes a este género: Homo habilis - Hombre hábil, Homo rudolfensis - Hombre del Lago Rodolfo (actual Lago Turkana, Kenia y Etiopía), Homo ergaster - Hombre trabajador, Homo georgicus - Hombre de Georgia, Homo erectus - Hombre erguido, Homo antecessor - Hombre explorador - "el que va delante", Homo cepranensis - Hombre de Ceprano (provincia de Frosinosne, Italia), Homo floresiensis - Hombre de Flores (Isla de Flores, Indonesia), Homo heidelbergensis - Hombre de Heidelberg, Homo neanderthalensis -Hombre de Neandertal, Homo rhodesiensis - Hombre de Rodesia y Homo sapiens - Hombre que piensa u Humano Actual, la única de estas especie no extinta.   

No todas las especies están plenamente aceptadas por la comunidad científica. Así Homo ergaster es considerado por algunos autores como Homo erectus; los escasos restos de Homo georgicus y Homo cepranensis plantean numerosos interrogantes y Homo floresiensis está en discusión si es una rama insular tardía de Homo erectus o formas patológicas de Homo sapiens. Homo heildelbergensis y Homo neanderthalensis están muy emparentados y han sido considerados con frecuencia como subespecies de Homo sapiens, pero análisis de ADN mitocondrial de los fósiles del Homo neanderthalensis sugieren que la diferencia existente es suficiente para denominarlos como dos especies diferentes (Baur y Ziegler; (2003).




Referencia
Piñerúa, F. (S/F). Evolución y Pensamiento. Caracas: Por publicar.

Fotos: Museo Cuevas de Altamira y MAN

GÉNERO HOMO
AUTOR: Félix Piñerúa Monasterio
DISEÑO Y MONTAJE ELECTRÓNICO: Trinemily Gavidia
FOTOGRAFÍA: Félix Piñerúa Monasterio

sábado, 18 de junio de 2011

Antropología Física - Los Australopitécidos

Fue Raymond Dart un profesor de la Universidad de Johannesburg quien en 1925 descubrió el cráneo de un individuo de unos seis años, que llamó Niño de Taung, por la localidad de Taung en Transvaal. Lo identificó como un homínido, por presentar caracteres intermedios entre el hombre y el mono, mas no fue sino hasta después de doce años cuando gracias a Robert Broom quien descubrió otro ejemplar adulto de la misma especie en la cueva de Sterkfontein que el descubrimiento de Dart fue aceptado, y ambos ejemplares fueron clasificados como Australopithecus africanus  con una capacidad craneana entre 480 cc a 520 cm³, y fueron los primeros fósiles de la subfamilia australopitécidos, perteneciente a la familia homínidos (Jelínek;1975).
Pues bien los australopitécidos son los primeros homínidos de los que se tiene la seguridad de que fueron completamente bípedos (Hominina) y prosperaron en las sabanas arboladas del este de África entre 4,2 y 2,5 millones de años atrás con notable éxito ecológico, como lo demuestra la radiación que experimentó, con al menos cinco especies diferentes esparcidas desde Etiopia y el Chad hasta Sudáfrica.
Con el bipedismo se liberan las extremidades superiores (las manos) y con ello la potencialidad de manipular, es decir, la capacidad de adaptar las cosas a las medidas de esta. Las manos se transforman en una herramienta creadora que para su pleno desarrollo necesita del desarrollo de un mayor encéfalo que permita la armonización entre idea y acción creadora, cosa que ocurrirá más adelante en el tiempo. Así con el bipedismo se da el primer paso seguro hacia los primeros vestigios de cultura.


Referencia
Piñerúa, F. (s/f). Evolución y Pensamiento. Caracas: Por Publicar.

Fotos: Museo de la Evolución, Burgos 

LOS AUSTRALOPITÉCIDOS
AUTOR: Félix Piñerúa Monasterio
DISEÑO Y MONTAJE ELECTRÓNICO: Trinemily Gavidia
FOTOGRAFÍA: Félix Piñerúa Monasterio

viernes, 20 de mayo de 2011

Antropología Física - Sobre Evolución Humana

Para empezar pertenecemos a la familia de los homínidos (Hominidae) que son una familia de primates hominoideos, es decir unos mamíferos primates antropoideos, que se diferencian de los demás del suborden por carecer de cola y de abazones, por un mayor desarrollo del cerebro y de la inteligencia y por adoptar, al menos temporalmente, una posición erguida esta incluye tanto al hombre como a sus parientes cercanos, orangutanes, gorilas y chimpancés que antes eran clasificados dentro de los póngidos.
En la clasificación tradicional, Hominidae estaba compuesta exclusivamente por primates bípedos (géneros Homo, Australopithecus, Paranthopus, etc.). Actualmente, según la taxonomía cladística (del griego klados: rama; es una rama de la biología que define las relaciones evolutivas entre los organismos basándose en similitudes derivadas) cuyo uso se está imponiendo en primatología, los Hominidae incluyen además a los grandes simios (gorilas, chimpancés, orangutanes) anteriormente clasificados en la familia de los póngidos, como mencionamos anteriormente. En la mayor parte de los trabajos científicos actuales, los homínidos bípedos son ahora clasificados en la subtribu Hominina (Mann y Weiss, 1996).
Esto nos lleva a puntualizar la diferencia entre los términos para así evitar cierta confusión:
Hominidae. Castellanizado como homínidos. Antes incluía sólo los primates bípedos y ahora también a los grandes simios.
Hominina. Castellanizado como homininos. Solo incluye a los Hominidae bípedos.
Así tenemos que el término “hominino” es el más adecuado para designar a los seres humanos actuales y todos los fósiles de nuestra propia línea evolutiva, desde que presumiblemente se produjo la separación con la línea del chimpancé hace más de seis millones de años; así, todas las especies que caminaron de forma erguida reciben el nombre de homininos.
Al hablar de homininos nos referimos a primates adaptados a la vida terrestre, a caminar erguidos en postura bípeda, con el cráneo también verticalizado. Los pies no son prensiles pues el primer dedo es más robusto y queda alineado con los cuatro restantes a diferencia del resto de los primates, aunque hay excepciones como veremos más adelante. Las manos tienen un pulgar desarrollado y son más aptas para manipular objetos (Mann y Weiss; 1996).
Pero antes de llegar a la familia de los Hominidae y la superfamilia Hominoidea, debemos mencionar que pertenecemos al infraorden de los catarrinos, desde un período que va de los 50 a 33 millones de años antes del presente, uno de los primeros catarrinos, quizás el primero, es el Propliopithecus, un género extinto de primate, contemporáneo del Aegyptopithecus, de hecho se ha considerado que sean el mismo género, hallado en los sitios fósiles de El Fayum (Egipto). Es un catarrino arcaico, y se piensa que es un ancestro común de simios y de monos del Viejo Mundo. Igualmente, al Propliopithecus se le puede considerar, o relacionar de cerca con un antepasado directo, de los seres humanos. Tendría unos 40 cm de longitud; posiblemente muy semejante al gibón; ojos con visión estereoscópica y por su dentición se deduce que era omnívoro.

Referencia
Piñerúa, F. (s/f). Evolución y Pensamiento. Caracas: Por Publicar.

SOBRE EVOLUCIÓN HUMANA
AUTOR:Félix Piñerúa Monasterio
DISEÑO Y MONTAJE ELECTRÓNICO: Trinemily Gavidia

miércoles, 18 de mayo de 2011

Antropología Física - Orrorin tugenensis


Orrorin tugenensis u hombre del milenio por haberse descubrimiento en el año 2001, con seis millones de años de antigüedad, como el antepasado más antiguo del hombre. Las investigaciones sugieren, además, que el primate africano está estrechamente relacionado con los australopitecos, un grupo de homínidos que vivió en África hace cuatro millones de años (Baur y Ziegler; 2003).
Los análisis de los paleoantropólogos indican que las adaptaciones del fémur que permitieron caminar erguido al Orrorin tugenensis se mantuvieron con pequeños cambios desde hace seis millones de años hasta hace dos, cuando los primeros Homo desarrollaron una nueva configuración de muslos y cadera.
Otra característica morfológica muy interesante es su dentadura: con caninos pequeños y molares bastante grandes, se deduce que estos primates tenían una dieta principalmente herbívora y frugívora, aunque es muy probable que fueran omnívoros y obtuvieran sus proteínas alimentándose también de insectos. La talla de los ejemplares hallados es de 1,4 m.
El género Orrorin es, posiblemente, uno de los eslabones que ha derivado en el ser humano actual (Homo sapiens), y se considera también posible que sea descendiente directo del Sahelanthropus tchadiensis o Toumaï, como coloquialmente se le conoce, y ancestro directo del Ardipithecus (Senut, Pickford, Gommery, Mein, Cheboi y Coppens; 2001).
Con respecto a Toumaï podemos decir que se presume es el homínido más antiguo hasta la fecha. Se trata de un cráneo hallado en el desierto del Sahel, en Chad, 2500 km al Oeste del Valle del Rift, donde se habían descubierto, junto con el Sur de África todos los fósiles de homínidos.
El Sahelanthropus tchadensis, según Michel Burnet, uno de sus descubridores, debía de tener el tamaño de un chimpancé y tiene una antigüedad alrededor de los siete millones de años, un millón más que Orrorin tugenensis. Su capacidad craneana es de 320-380 cc y el cráneo presenta un arco superciliar continuo y más ancho que el de cualquier simio actual. El grosor de ese arco indicaría que el fósil encontrado es de un macho.
El foramen magnum, el orificio por el que se unen la médula y el encéfalo, según Burnet es oval y no redondeado como en los simios y está en posición adelantada, lo que indicaría que era un bípedo. A pesar de todo esto, como se menciono anteriormente, no existe un acuerdo único con respecto a si Toumaï es el ancestro más antiguo del hombre (Beauvilain; 2003).

Referencia
Piñerúa, F. (s/f). Evolución y Pensamiento. Caracas: Por Publicar. 

ORRORIN TUGENENSIS
AUTOR: Félix Piñerúa Monasterio
DISEÑO Y MONTAJE ELECTRÓNICO: Trinemily Gavidia Arguinzones

lunes, 16 de mayo de 2011

Antropología Física - El Encéfalo Humano

Se cree que hay al menos tres factores relacionados con el desarrollo de un encéfalo más grande (del griego "en", dentro y "cefalé", cabeza, "dentro de la cabeza"; es la parte superior y más masiva del sistema nervioso. El encéfalo esta distribuido en tres partes: cerebro, cerebelo y tronco encefálico). El primero es el estilo de vida de los primates, que favoreció un sistema nervioso más complejo. El segundo es el desarrollo de un nuevo modo de enfriar un encéfalo más grande. Y el tercero es la neotenia, un proceso por el que se retrasa la maduración y un adulto conserva características infantiles (Kolb y Whishaw; 2002).
Con respecto al primer factor, el estilo de vida de los primates, sabemos que los animales que se alimentan de vegetación no tienen encéfalos especialmente grandes. Entre los simios, los gorilas, que principalmente comen vegetación, tienen encéfalos relativamente pequeños. Por el contrario, los monos que comen frutas, como los chimpancés, tiene encéfalos relativamente grandes. La búsqueda de frutas es una actividad difícil, compleja. A diferencia de la copiosa vegetación que puede alcanzarse fácilmente en el suelo, la fruta crece en árboles, y solo en ciertos árboles, en ciertas estaciones. Hay muchas clases de frutas, unas mejores que otras para comer, y muchos animales diferentes e insectos compiten por una pieza de fruta. Se necesitan buenas habilidades sensoriales, como visión de color, para conocer la fruta madura en un árbol, y buena habilidad motora para cogerla y manipularla. Se necesitan buenas habilidades espaciales para llegar a los árboles que tienen fruta. Se necesita buenas habilidades mnésicas para recordar donde están los árboles frutales, cuándo estará madura la fruta, y que árboles se ha comido ya (Ob. cit).
En consecuencia, los animales que logran comer fruta suelen tener relaciones sociales complejas y un medio de comunicarse con otros miembros de su especie. Además, es muy provechoso para un consumidor de fruta tener un padre que pueda enseñarle las habilidades para encontrar frutas, de modo que es conveniente ser tanto un buen alumno como un buen maestro. Cada una de estas habilidades requiere la evolución de nuevas áreas cerebrales o de más células cerebrales en las regiones del encéfalo existente. Sumadas entre sí, más células cerebrales producen un encéfalo más grande. Lo que se conoce como principio de masa apropiada. Este principio responde a que cuando las conductas se hacen más complejas y requieren más procesamiento neural, se les asigna una mayor cantidad se tejido neural. De esto se desprende que las especies que manifiestan conductas más complejas poseerán encéfalos relativamente más grandes que los de las especies cuya conducta es más elemental (Ob. cit).
El segundo factor, conocido como hipótesis del radiador, supone la teoría de que un cambio en el flujo sanguíneo en torno al encéfalo aumenta la tasa de refrigeración del encéfalo, permitiendo así que éste se haga más grande.
¿Por qué es tan importante el enfriamiento del encéfalo? La respuesta es la enorme cantidad de trabajo que realiza el encéfalo humano. Aunque su encéfalo representa menos del 2% de su organismo, consume el 25% del oxigeno de éste y el 70% de su glucosa. Como resultado de esta actividad metabólica, su encéfalo genera una gran cantidad de calor y corre peligro de recalentarse en caso de ejercicio o de sobrecarga de calor (Kolb y Whishaw; 2002).
A diferencia de los cráneos australopithecinos, los cráneos Homo tienen orificios a través de los que pasan los vasos sanguíneos. Estos orificios sugieren que el género Homo posee un flujo sanguíneo que se difunde mucho más ampliamente desde el encéfalo que en el caso de los homininos más primitivos, y este flujo sanguíneo más disperso pudo haber reforzado en gran medida el enfriamiento cerebral. El aumento de la refrigeración cerebral, a su vez, pudo haber permitido que el encéfalo se hiciera más grande, lo que al parecer hizo en respuesta a presiones evolutivas planteadas por los nuevos entornos que utilizaron.
El tercer factor o neotenia, según la cual el ritmo de maduración de una especie se hace más lento, de modo que las fases juveniles de los predecesores se convierten en las características adultas de los descendientes. Ya que la cabeza de un niño es grande en relación con el tamaño del cuerpo, este proceso pudo haber llevado a adultos con cráneos mayores y encéfalos mayores.
Otro aspecto de la neotenia relacionado con el desarrollo del encéfalo humano es que un retraso de la maduración humana podría haber concedido más tiempo para que se produjeran células nerviosas. La mayoría de las células cerebrales en humanos se desarrollan justo antes y después del nacimiento, de modo que un periodo prenatal y postnatal dilatado pudieron haber prolongado la fase de la vida en la que se están desarrollando las células del encéfalo. Esto, a su vez, pudo haber permitido la formación de cantidades creciente de células cerebrales.
Sin embargo no basta con un incremento del volumen (entre los 1.200 a 1.400 cm3, siendo el promedio global actual de 1.350 cm3), sino cómo está dispuesta la "estructura" del sistema nervioso central y del cerebro en particular. Por término medio, los Homo neanderthalensis pudieron haber tenido un cerebro de mayor tamaño que el de nuestra especie, pero la morfología de su cráneo demuestra que la estructura cerebral era muy diferente: con escasa frente, los neanderthalenses tenían poco desarrollados los lóbulos frontales y, en especial, muy poco desarrollada la corteza prefrontal. El cráneo de Homo sapiens no sólo tiene una frente prominente sino que es también más alto en la región occipital (cráneo muy abovedado), esto permite el desarrollo de los lóbulos frontales. De todos los mamíferos, Homo sapiens es el único que tiene la faz ubicada bajo los lóbulos frontales.
En este proceso de desarrollo y perfección de las funciones cerebrales, es de fundamental importancia para la concreción y materialización del pensamiento la aparición del lenguaje articulado y para ello el gen FoxP2; dicho gen es el encargado del desarrollo de las áreas del lenguaje y de las áreas de síntesis (las áreas de síntesis se encuentran en la corteza cerebral de los lóbulos frontales). El aumento del cerebro y su especialización permitió la aparición de la llamada lateralización, o sea, una diferencia muy importante entre el hemisferio izquierdo y el hemisferio derecho del cerebro. El hemisferio izquierdo tiene desarrollado en su corteza áreas específicas que posibilitan el lenguaje simbólico basado en significantes acústicos: el área de Wernicke y el área de Broca.

Referencia
Piñerúa, F. (S/F). Evolución y Pensamiento.Caracas: Por Editar.

EL ENCÉFALO HUMANO
AUTOR: Félix Piñerúa Monasterio
DISEÑO Y MONTAJE ELECTRÓNICO: Trinemily Gavidia Arguinzones