La mayor parte de los Wóthuha o Piaroa, como son conocidos por
los criollos, se concentran en los afluentes del Orinoco: Sipapo, Autana, Cuao,
Guayapo, Samariapo, Cataniapo, Paria y Parguaza. Alto Suapure, en el Medio
Ventuari y en el valle del Manapiare. La distancia que separa los diferentes
grupos implica un asilamiento tanto físico como cultural. Aunque los Wóthuha constituyen una sola cultura.
No sólo la distancia física
mantiene aisladas las unidades territoriales Wóthuha; el temor también juega un papel importante. Ellos piensan
que los viajes entre territorios son sumamente peligrosos, ya que área está
llena de peligros sobrenaturales para el visitante. En cada territorio existen
determinados espíritus que atacan a los extranjeros. La misma tierra es
peligrosa y puede provocar enfermedades si uno no se cuida. Sólo los jefes, los
ruwati, tienen amplios contactos con
otros territorios. Ellos pueden protegerse de los peligros sobrenaturales de
tierras y espíritus desconocidos. Así, el comercio interterritorial es
responsabilidad de los jefes quienes intercambian no sólo objetos sino también
parte de su conocimiento religioso.
La cultura Piaroa establece
que el contacto entre territorios es peligroso, pero también ha
institucionalizado la paz. Para los Wóthuha
es inconcebible un conflicto físico o armado entre miembros de dos
territorios: la sanción contra el asesinato es general. Además ellos creen que
si una persona mata a otro hombre mediante un acto de violencia física morirá
defecando sus propias tripas. La paz y el logro de la tranquilidad son los
valores fundamentales en la existencia Wóthuha.
Por esto las relaciones entre los territorios son pacificas, aunque se lleven
con temor.
Los Wóthuha se relacionan lingüísticamente con la familia de lenguas
Sálivas, grupo independiente.
Hasta donde se sabe, los
Piaroa no tuvieron contacto con la sociedad criolla sino hasta los siglos XIX y
XX.
Los Wóthuha se consideran a sí mismos como un pueblo selvático y para
seleccionar un lugar de asentamiento, no solo se toma en cuenta la facilidad de
trasporte sino también la posibilidad de conseguir medios de subsistencia. Los Wóthuha complementan la horticultura mediante
la caza, la recolección y la pesca. El principal producto de su subsistencia es
la yuca amarga de la que sus mujeres preparan mañoco y casabe.
La huerta familiar es tan
duradera como la casa misma; puede durar hasta diez años. En ella se siembran árboles
frutales, ají, algodón, tabaco, onoto,
alucinógenos para uso chamánico, etc. Los conucos en la selva se
mantienen activos desde uno hasta cinco años. En un año dado una familia puede
tener hasta cuatro parcelas en uso, así
como uno o más conucos recién talados. A medida que la parcele envejece, el deshierve que las mujeres hacen todos los
meses resulta cada vez más difícil, y después de cinco años los resultados que
obtienen no compensan los esfuerzos: las malas hierbas crecen cada vez más y el
suelo se vuelve menos productivos. También es importante señalar que la
cantidad de maíz que se siembra al año en un asentamiento tradicional varía de
acuerdo a las decisiones que se adopten acerca de la actividad ceremonial del
año en curso. Si un jefe-chamán decide organizar el gran festival de sari o warime, debe preparar parcelas de maíz mucho más grande, ya que
para las bebidas ceremoniales tanto el maíz como la batata se utilizan en
proporciones de dos a una en relación a la yuca.
Los Wóthuha tradicionalmente construyen tres tipos de casa comunales
cuyos techos son de palma. La casa cónica (ucubode)
del jefe-chamán. Puede albergar permanentemente hasta un centenar de personas. La
casa más modesta, la cónica-elíptica o redonda (hare´babode), la construye el jefe menor; la casa rectangular (tae´bibode) la fabrican los de estatus
inferiores.
Referencia
Overing, J. y Kaplan M.
(1988). Los Wóthuha (Piaroa), en los Aborígenes
de Venezuela Vol III. Caracas: Fundación La Salle.
CULTURA
PIAROA
AUTOR:
Félix
Piñerúa Monasterio
DISEÑO
Y MONTAJE ELECTRÓNICO: Trinemily Gavidia
FOTOGRAFÍA:
Félix
Piñerúa Monasterio


